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domingo, 5 de julio de 2015

Preservar la perspectiva singular del Papa: la ecología integral


              
El Papa Francisco ha realizado un enorme cambio en el discurso ecológico al pasar de la ecología ambiental a la ecología integral. Esta incluye la ecología político-social, la mental, la cultural, la educacional, la ética y la espiritualidad. Existe el peligro de que esta visión integral sea asimilada dentro del discurso ambiental habitual, no dándose cuenta de que todas las cosas, saberes e instancias están interligadas. 

Es decir, el calentamiento global tiene que ver con la furia industrialista, la pobreza de buena parte de la humanidad está relacionada con el modo de producción, distribución y consumo, la violencia contra la Tierra y los ecosistemas deriva del paradigma de dominación que está en la base de nuestra civilización dominante desde hace ya cuatro siglos, que el antropocentrismo es consecuencia de la comprensión ilusoria de que somos dueños de la cosas y que ellas solo tienen sentido en la medida en que sirven para nuestro disfrute.

                Esa cosmología (conjunto de ideas, valores, proyectos, sueños e instituciones) lleva al Papa a decir: “nunca hemos ofendido y maltratado a nuestra casa común como en los dos últimos siglos” (nº 53).

                ¿Cómo superar esa ruta peligrosa? El Papa responde; “con un cambio de rumbo” y todavía más con la disposición de “delinear grandes caminos de diálogo que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo (163). Si no hacemos nada, podremos ir al encuentro de lo peor. Pero el Papa confía en la capacidad creativa de los seres humanos que juntos podrán formular el gran ideal: “un solo mundo en un proyecto común” (164).

                Bien distinta es la visión imperante e imperial presente en la mente de quienes controlan las finanzas y los rumbos de las políticas mundiales: “un solo mundo y un solo imperio”.

                Para enfrentar los múltiples aspectos críticos de nuestra situación el papa propone la ecología integral. Y le da el fundamento correcto: “Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales” (137).
Foto: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEisbTwCsq4E3lvnY5ogKA9NRKuCOKfwMLElPAoBOCXVLR31YWTp7pe_gZcJ04rQT92btw77-tKzo7SlW2-wCunGlo-lalVb7gZTVNZn6wBaIuaOjrHmVdhPOqR2jZUTP2tJt0mEd2lvO4mn/s1600/agroecologia.jpg
                El presupuesto teórico se deriva de la nueva cosmología, de la física cuántica, de la nueva biología, en una palabra, del nuevo paradigma contemporáneo que implica la teoría de la complejidad y del caos (destructivo y generativo). En esa visión, lo repetía uno de los fundadores de la física cuántica, Werner Heisenberg; “todo tiene que ver con todo en todos los puntos y en todos los momentos; todo es relación y nada existe fuera de la relación”.

                Esta lectura la repite el Papa innumerables veces, formando el tonus firmus de sus exposiciones. Seguramente la más bella y poética de las formulaciones la encontramos en el nº 92: “Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre Tierra”.

                Esa visión existe desde hace ya casi un siglo, pero nunca consiguió imponerse en la política y en la orientación de los problemas sociales y humanos. Todos seguimos siendo rehenes del viejo paradigma que aísla los problemas y busca una solución específica para cada uno sin darse cuenta de que esa solución puede ser dañina para otro de los problemas. Por ejemplo, el problema de la infertilidad de los suelos se resuelve con nutrientes químicos que, a su vez, penetran en la tierra y alcanzan el nivel freático de las aguas de los acuíferos envenenándolos.

                La encíclica podrá servirnos de instrumento educativo para apropiarnos de esta visión inclusiva e integral. Por ejemplo, como afirma la encíclica: “Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella” (139).

                Y continúa dándonos ejemplos convincentes: “Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente” [115].

                Si todo es relación, entonces la propia salud humana depende de la salud de la Tierra y de los ecosistemas. Todas las instancias se entrelazan para bien o para mal. Esa es la textura de la realidad, no opaca y rasa sino compleja y altamente relacionada con todo.

                Si pensásemos nuestros problemas nacionales en ese juego de inter-retro-relaciones no tendríamos tantas contradicciones entre los ministerios y las acciones gubernamentales. El papa nos sugiere caminos, que son certeros y nos pueden sacar de la ansiedad en la que nos encontramos frente a nuestro futuro común.

                Teilhard de Chardin tenía razón cuando en los años 30 del siglo pasado escribía: “la era de la naciones ya pasó. La tarea que tenemos por delante, si no perecemos, es construir la Tierra”, Cuidando la Tierra con tierno y fraterno afecto en el espíritu de san Francisco de Asís y de Francisco de Roma, podremos seguir “caminando y cantando”, como concluye la encíclica, llenos de esperanza. Todavía tenemos futuro y vamos a irradiar.


Fuentes:



lunes, 17 de noviembre de 2014

Cinco claves del pensamiento pastoral del Papa Francisco

Última Entrega
Francisco es un pastor y un pastoralista, un misionero activo y un pensador profundo, “un maestro de pastoral”.

         1.      La mística: la dulce alegría de evangelizar. El título orienta la mirada a la alegría que provoca la Buena Nueva. No acentúa el Evangelio de la alegría sino la alegría que provoca el Evangelio. La alegría del discípulo nace de la fe en la Buena Noticia del amor de Dios en Jesucristo. “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (A 29).
      2.    Una eclesiología en la huella del Concilio y de Pablo VI. Francisco quiere una Iglesia misio-céntrica. Expone una eclesiología pastoral porque “la Iglesia existe para evangelizar” (EN 14). El primer capítulo analiza “la transformación misionera de la Iglesia” con expresiones novedosas (EG 19-51). “Una Iglesia en salida” (EG 20-24) se centra en Cristo y el hombre. “El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales”.  Francisco emplea mucho las imágenes femeninas de la Iglesia: esposa, madre, viuda. La casa de la Madre es como un hospital de campaña después de la batalla que recoge, alivia y cuida a los hijos heridos en la vida y en la fe.[1] Las metáforas referidas a la Iglesia como madre, casa y hospital son elocuentes. Con el soporte de su eclesiología pastoral y el impulso de la espiritualidad misionera Francisco desea realizar la reforma de la Iglesia soñada por el Concilio Vaticano II.


3.     El influjo pastoral universal de Aparecida. El primer Papa sureño y latinoamericano, con tonada argentina y porteña, representa de una forma singular el corazón, el rostro y el camino de la Iglesia latinoamericana. La novedad de su pontificado está relacionada con la novedad de Aparecida.[2] Hay una íntima relación entre Aparecida y Francisco.[3] El mundo observó ese vínculo espiritual, afectivo y pastoral el 24 de julio de 2013, cuando Francisco peregrinó desde Río al santuario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida para visitar a la Madre de Dios, donde estuvo en 2007. Francisco emplea muchas veces el sustantivo atracción y el verbo atraer porque “la Iglesia no crece por proselitismo sino ‘por atracción’” (EG 14, 131; A 159). 



     La misión es, sobre todo, obra de la atracción de Dios en Cristo por el Espíritu, María y la Iglesia. La evangelización no es cruzada, ni marketing, ni proselitismo. Surge de la primera bondad de Dios y la sorpresa del éxodo misionero  de la Iglesia (EG 24). El camino de Dios es la belleza de la atracción del amor. El texto insiste en que Dios nos primerea con la iniciativa de su misericordia (EG 24) y destaca el primado de su gracia en el anuncio del Evangelio (EG 12, 112). Francisco expresa la revolución de la ternura de Dios que comenzó con la Encarnación de su Hijo, Jesús. En sus mensajes navideños en Buenos Aires afirmaba, contemplando la imagen del Niño, que Dios es ternura.
     4.       La dimensión social de la evangelización. El Santo Padre afirma que muchas cuestiones graves de la Iglesia y del mundo deben ser aún profundizadas y que no es su función dar una palabra definitiva o completa sobre todas (EG 16), ni hacer análisis detallados sobre la realidad actual (EG 51) y por eso dice que, como tal, él no tiene “el monopolio en la interpretación de la realidad social” (EG 184). Al contrario, citando la carta de Pablo VI de 1971, mueve a las comunidades cristianas locales a discernir desde el Evangelio las desafíos y a transformar las nuevas realidades (EG 108). 
     5.      La teología argentina en la síntesis pastoral de Francisco. Las novedades de la exhortación son innumerables en los planos del pensamiento el lenguaje y la acción. En línea con lo presentado por Juan Carlos Scannone,  afirma Galli,  que el Papa asume y enriquece muchos aportes de la teología bíblica, hermenéutica, moral, pastoral, histórica, espiritual, cultural y social gestada en la comunidad teológica argentina. En el siglo XX la teología católica fue pensada, dicha y escrita en latín y, luego, en francés, alemán, italiano e inglés. Con este patrimonio común el siglo XXI puede recibir el humilde aporte de una teología pensada, dicha y escrita en castellano y con tonada argentina. De este modo, la incipiente pero promisoria teología argentina,  hasta ahora marginada en aulas y libros europeos, puede comenzar a ser conocida, reconocida, discutida y aprovechada. Éste es un kairós para conocer la reflexión teológica argentina que nutre el pensar de Francisco.




[1] Cf. A. Spadaro, “Intervista a Papa Francisco”, La Civiltá Cattolica 3918 (2013) 461-462.
[2] Cf. L. Accattoli, Il vescovo di Roma. Gli esordi di Papa Francesco, Bologna, Dehoniane, 2014, 30-31.
[3] Cf, C. M. Galli, “Francesco e la Chiesa latinoamericana”, Il Regno / Attualitá 2014/2, 57-63.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Las novedades de la exhortación Evangelii gaudium. Claves del pensamiento pastoral de Francisco

Tercera Entrega:
La Iglesia de América Latina

Desde 1492 la Iglesia católica es la única institución presente en todo el espacio y el tiempo de América Latina. Por su pasado y su presente tiene una gran responsabilidad en cooperar a la integración para forjar una comunidad de naciones en la justicia y la solidaridad.
Desde 1955 nuestra Iglesia forma su figura regional, que agrupa veintidós episcopados. Aparecida delinea “el rostro latinoamericano y caribeño” de nuestra Iglesia (A 100). El regionalismo es un rasgo original de la Iglesia de América Latina.
Aparecida es un jalón en el camino pastoral recorrido por las conferencias latinoamericanas realizadas en los últimos sesenta años.
Nuestra figura regional se expresó en Aparecida, donde la piedad popular mariana era la música de fondo de nuestra reflexión, diálogo y discernimiento. Jorge Mario Bergoglio presidió la Comisión de Redacción. . A pesar de que muchos lo ignoran, América Latina es la cuna de la nueva evangelización.  La convocatoria de Juan Pablo II nació en América Latina y no sólo para América Latina.
Desde el Vaticano II nuestra Iglesia ha indagado no sólo el “qué” y el “para qué” sino los “cómo” de la evangelización.La espiritualidad popular expresa el corazón cristiano, mariano y místico del Pueblo de Dios en América Latina. En las peregrinaciones y las jornadas emerge el rostro de una Iglesia en movimiento. La juventud peregrina asocia pertenencia y movilidad en una nueva figura del catolicismo.

La teología latinoamericana ha contribuido a diseñar la nueva figura regional de nuestra Iglesia: latina, americana, sureña, mestiza, mariana, popular, comunitaria, pobre, misionera, servidora, festiva. Ha pensado los temas de la piedad católica popular, la opción por los pobres, la evangelización liberadora, la conversión pastoral, las comunidades cristianas, la salida a los alejados, la pastoral urbana, la descentralización parroquial, la participación de los laicos, la dimensión bíblica de la pastoral, la inculturación intercultural de la fe.
El Papa argentino
Francisco expresa su pertenencia eclesial, teológica, espiritual, afectiva, cultural y política a América Latina. En sus escritos Bergoglio hizo una hermenéutica de nuestra cultura, como quienes “se animaron a pensar América desde América y como latinoamericanos”.[1]
Francisco fue elegido porque las periferias del orbe se hicieron presentes en el corazón de la urbe.[2] Si Roma es el centro de la fe y la caridad en la comunión católica, cada iglesia es un centro teologal y pastoral. En Copacabana, el Papa dijo: Esta semana, Río de Janeiro se convierte en el centro de la Iglesia. Él replantea los vínculos entre las iglesias centrales, que se miraban como las fuentes generadoras, y las periféricas, reducidas a ser meros reflejos. La Iglesia latinoamericana, siendo periferia, se torna un centro en una Iglesia policéntrica.

Esta posición reubica al obispo de Roma como garante de la unidad y de la diversidad (LG 13c) en el catolicismo y en el diálogo ecuménico. El nuevo escenario marca el principio del fin del eurocentrismo eclesial, aunque algunos aún menosprecien el catolicismo latinoamericano.
El primer papa jesuita eligió el nombre del Poverello. Contó que el cardenal brasileño Claudio Hummes, franciscano, le dijo: no te olvides de los pobres, como le habían dicho a san Pablo (Ga 2,10). Entonces pensó en el nombre Francisco. Ningún Papa en la historia se llamó así. Luego declaró los motivos del nombre en la entrevista al diario La Repubblica y en su peregrinación a Asís.
Jesús es el primero y el más grande evangelizador, que evangeliza por la unidad que hay entre su Persona, su palabra, su acción, su pasión y su pascua. 


También Francisco evangeliza por lo que es, dice y hace. En sus gestos encarna la Iglesia samaritana pensada por la teología latinoamericana, vivida en los hechos de nuestra pastoral y enseñada por Aparecida (A 26, 176, 491).
Francisco habla con sus gestos. Como escribió Michel de Certeau: un hombre en oración es un árbol lleno de gestos.[3] Una de cada siete personas del mundo se desplazó de su lugar de origen. En Lampedusa el Papa denunció la indiferencia ante los migrantes que mueren en el Mediterráneo, cuando los viajes de esperanza devienen travesías de muerte. Él hace gestos evangelizadores y liberadores como hacía Jesús. Estas obras son signos del amor del Reino de Dios: no solucionan todos los dramas pero señalan la dirección de los cambios guiados por el amor.






[1] J. M. Bergoglio, “Prólogo”, en: A. Podetti, Comentario a la Introducción a la ‘Fenomenología del Espíritu’, Buenos Aires, Biblos, 2007, 13.
[2] Cf. M. Faggioli, Papa Francesco e la Chiesa-Mondo, Roma, Armando, 2014, 19-26.
[3] Cf. F. Michael Davide, Papa Francesco: la rivoluzione dei gesti, Molfeta, La Meridiana, 2013, 21-22.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Hacia un nuevo Pentecostés


Las novedades de la exhortación Evangelii gaudium,
Claves del pensamiento pastoral de Francisco

Segunda Entrega:

A principios de 2012, cuando Carlos María Galli [1] dio varias conferencias en Roma, percibió este nuevo proceso en gestación y comenzó a emplear la expresión el Viento del Sur. Con esa imagen escribió un ensayo preparando la XIII asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Se tituló: En la Iglesia está soplando el Viento del Sur. América Latina: un nuevo Pentecostés para una nueva evangelización.[2] 
  •                 Hoy Francisco toma varias líneas programáticas de Aparecida y las relanza en su estrategia misionera universal. 

  •          Durante el proceso del Sínodo celebrado en 2012, cuando algunos querían centrar el diálogo en la  crisis de fe que afecta a Europa y desde allí presentar la nueva evangelización europea como el paradigma para las iglesias de otras latitudes, los latinoamericanos trabajamos unidos, primero en        Bogotá y luego en Roma, para pensar la nueva evangelización en todos los continentes, en especial    desde el sur. Para Galli, la situación europea no es el desafío mayor que tenemos y es hora de   reducir las asimetrías entre el norte y el sur en nuestra Iglesia.  La revolucionaria renuncia de  Benedicto XVI y la revolucionaria elección de Francisco indican que sopló el Viento del Sur y  llegó   el Papa del fin del mundo.  
  •         En la Navidad de 1958 Juan XXIII visitó la cárcel romana; en el Jueves Santo de 2013 Francisco lavó los pies a menores encarcelados. El 11 de octubre de 1962, al inaugurar el Concilio Vaticano II, Juan XXIII invitó a emplear la medicina de la misericordia; el 17 de marzo de 2013, en su primer Ángelus, Francisco expresó que Dios que no se cansa de perdonar. En el Radiomensaje del 11 de setiembre de 1962 Juan XXIII afirmó que la Iglesia debía ser, en los pueblos subdesarrollados, “la Iglesia de los pobres”; ante los periodistas, el 20 de marzo de 2013, Francisco compartió el deseo de “una Iglesia pobre y para los pobres”.

Los signos de los tiempos expresan los clamores de los hombres, las interpelaciones de Dios y los desafíos a la Iglesia. Bernard Lonergan, uno de los mayores teólogos del siglo XX, enseñó que la conciencia histórica percibe en los hechos presentes no sólo los frutos del pa-sado ya gestado sino, y sobre todo, los signos de un futuro que “se está gestando”. 
La profecía de la esperanza intenta discernir lo que se está gestando en la historia de Dios con los hombres y, de un modo más limitado, en la marcha del catolicismo.

El eje político-cultural del intercambio mundial se movió por siglos en torno al Mediterráneo y, luego, alrededor del Océano Atlántico. Sin dejar esos escenarios, el siglo XXI gira hacia el Pacífico, donde están América y Asia. Aparecida nos invitó a ir “hacia la otra orilla”.
Hoy el 68% de los católicos vivimos en el sur, en África, América Latina, Asia y Oceanía. Hay una notable transformación de la composición de la Iglesia católica en los últimos 100 años. En 2011 la distribución era así: África 16, América 48,8, Asia 10,9 Europa 23,5 y Oceanía 0,8. Muchísimos miembros sureños del Cuerpo de Cristo son pobres para este mundo pero ricos para Dios en la fe, como dice la Carta de Santiago (Sgo 2,5).

En el plano lingüístico el castellano es la lengua más hablada en el catolicismo, la segunda en Occidente y la cuarta en el mundo: inglés, chino mandarín, bengalí, español. El 90% de los hispanohablantes vivimos en América.  Esto, permite comprender mejor porque hay un sucesor de Pedro que procede de una Iglesia del sur del mundo y cuya lengua materna es el español.
En su unidad plural América Latina es una región sociocultural bastante homogénea. Su peculiar identidad une el oeste y el sur. Pertenece al llamado mundo emergente, aunque está en el sur pobre. Es el subcontinente más desigual e inequitativo, lo que interpela la conciencia cristiana. En él se imbrican la pobreza y el cristianismo: muchos viven la pobreza desde su fe y todos debemos vivir la fe para superar la pobreza injusta. El cristianismo católico popular y la opción amorosa por los pobres marcan la fisonomía de nuestra Iglesia.








[1] El Pbro. Dr. Carlos María Galli, argentino, es Director del Doctorado en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina. En 2007 fue perito teológico en la Conferencia de Aparecida.
[2] Cf. C. M. Galli, “En la Iglesia está soplando el Viento del Sur. América Latina: un nuevo Pentecostés para una nueva evangelización. Diálogo con el Instrumentum laboris para el Sínodo de 2012”, en: CELAM, Hacia una Nueva Evangelización. Aportes desde América Latina y El Caribe, Bogotá, CELAM, 2012, 161-260.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Las novedades de la exhortación Evangelii gaudium, claves del pensamiento pastoral de Francisco



 Primera Entrega
Carlos María Galli [1]
Buenos Aires
 1. Al concluir el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, el Papa Francisco dio a conocer su exhortación apostólica Evangelii gaudium (EG).[1] En este aniversario del primer obispo de Roma y Papa latinoamericano, mi tarea no consiste en analizar su pontificado, lo que llevaría a interpretar hechos, imágenes, sentimientos, decisiones y textos con sus sentidos y efectos. Se me dio un encargo más modesto: ayudar a comprender su exhortación, lo que exige captar el Código Francisco, el profundo mensaje dado en un sencillo lenguaje.
Llamo código Francisco a la forma original en la que Francisco une el contenido, el lenguaje y el tono -la música- al proclamar el Evangelio mediante el lenguaje mixto de los gestos y las palabras. El Papa trasmite el mensaje con la gramática de la simplicidad: saluda a todos, toma en brazos a los niños, besa a los enfermos, bendice con la señal de la cruz. Es un icono de la fe expresada en una cultura gestual, afectiva y festiva. Su estilo pastoral es cercano al pueblo por la calidez en el trato y por la sencillez en la predicación. En este marco, nuestra exhortación propone una renovada teología pastoral del anuncio evangelizador o misionero. 
2. La alegría del Evangelio es un documento muy original en su contenido, su forma y su estilo, que conjuga líneas teológicas, espirituales y sociales con una neta orientación pastoral.
La convocatoria a convertirse para recibir y cultivar “la gracia de la misionariedad” (EG 124) se resume en dos frases: Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo (EG 27) y la salida misionera es el paradigma de toda la Iglesia (EG 15). El corazón de este programa de anuncio misionero es la alegría de recibir y comunicar el Evangelio de Jesucristo (Mc 1,1).
La novedad del papado se expresa en su documento, anticipado en el viaje al Brasil y en la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro.
El programa de un pontificado misionero y reformador,  hunde sus raíces tanto en la figura singular de Francisco como en su pertenencia a la Iglesia de América Latina y al proyecto misionero de la V Conferencia General de nuestro Episcopado celebrada en Aparecida en 2007, y también, en la incipiente pero promisoria teología argentina del último medio siglo. No se puede entender a Francisco sin conocer la Iglesia de América Latina y la teología de la Argentina.
Del 22 al 28 de julio Francisco hizo su primera peregrinación misionera internacional al Brasil, el país más grande de América Latina y con mayor población católica del mundo.
La globalización de las imágenes favoreció la comunión en sentimientos y oraciones. Como dije, esas Jornadas simbolizan el momento eclesial,[1] y el pensamiento papal.
No se trata de exportar el modelo latinoamericano de Aparecida invirtiendo el centralismo pastoral, sino que cada iglesia asuma la misión universal desde su propio tiempo y su lugar.



[1] Cf. Francisco, La revolución de la ternura. XXVIII Jornada Mundial de la Juventud Río 2013, Buenos Aires, PPC Cono Sur, 2013.



[1] El nombre completo es: Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Santo Padre Francisco a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas, y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, Buenos Aires, Conferencia Episcopal Argentina – Oficina del Libro, 2013.

viernes, 23 de mayo de 2014

“Señor, muéstranos al Padre”

Juan Pablo II

La Iglesia comparte la inquietud de tantos hombres contemporáneos. Por otra parte, debemos preocuparnos también por el ocaso de tantos valores fundamentales que constituyen un bien indiscutible no sólo de la moral cristiana, sino simplemente de la moral humana, de la cultura moral…
En relación con esta imagen de nuestra generación, que no deja de suscitar una profunda inquietud, vienen a la mente las palabras que, con motivo de la encarnación del Hijo de Dios, resonaron en el Magníficat de María y que cantan la misericordia... “de generación en generación”(Lc 1,50)… La Iglesia debe dar testimonio de la misericordia de Dios revelada en Cristo, en toda su misión de Mesías…

Si algunos teólogos afirman que la misericordia es el más grande entre los atributos y las perfecciones de Dios, la Biblia, la Tradición y toda la vida de fe del Pueblo de Dios dan testimonios exhaustivos de ello. No se trata aquí de la perfección de la inescrutable esencia de Dios dentro del misterio de la misma divinidad, sino de la perfección y del atributo con que el hombre, en la verdad intima de su existencia, se encuentra particularmente cerca y no raras veces con el Dios vivo. Conforme a las palabras dirigidas por Cristo a Felipe, “la visión del Padre”—visión de Dios mediante la fe—halla precisamente en el encuentro con su misericordia un momento singular de sencillez interior y de verdad, semejante a la que encontramos en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11s).

“Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. La Iglesia profesa la misericordia de Dios, la Iglesia vive de ella en su amplia experiencia de fe y también en sus enseñanzas, contemplando constantemente a Cristo, concentrándose en EL, en su vida y en su evangelio, en su cruz y en su resurrección, en su misterio entero. Todo esto que forma la “visión” de Cristo en la fe viva y en la enseñanza de la Iglesia nos acerca a la “visión del Padre” en la santidad de su misericordia.

San Juan Pablo II (1920-2005), Papa 
Encíclica “Dives in Misericordia” § 12-13 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)