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martes, 28 de abril de 2015

LA SALUD COMO TAREA ESPIRITUAL

Actitudes para encontrar un nuevo gusto por la vida
Anselm Grün y Meinard Dufner        
            Cualquier espiritualidad que pretenda inspirarse en el espíritu de Jesús tiene que contemplar la curación espiritual y material de la persona. Con esto no se alude sin embargo a ningún concepto o receta médica para la salud exterior. La autenticidad de nuestra espiritualidad no se manifiesta ni demuestra en la calidad de la salud corporal. No podemos someternos al efecto de los resultados espirituales como si toda enfermedad fuera un argumento de carencia de vida interior. Sabemos que la vida espiritual vigorosa puede beneficiar a la salud corporal y anímica y conservarnos en buena forma. Pero Dios puede también permitir una enfermedad para obligarnos a tomar conciencia de nuestras limitaciones y como oportunidad de buscarle más intensamente a Él y no sólo a nuestra salud. 
Anselm Grün,OSB nacido en el 14 de enero de 1945 en Baja Franconia, es un monje y sacerdote alemán, doctor en teología, famoso por unir la espiritualidad tradicional cristiana con la psicología moderna.

La enfermedad es una cualidad de la naturaleza humana creada. Sería fatal pensar que una vida espiritual sana  podría – debería – librarnos de todo riesgo de enfermedad. Eso sería manifiesta soberbia. La humildad nos lleva a reconocer nuestra condición de seres creados con limitaciones humanas y que esas limitaciones pertenecen a nuestra naturaleza, nos hacen conscientes de que podemos caer una y otra vez enfermos para encontrarnos en la enfermedad con las propias sombras, con lo negativo, con nuestra realidad.  Pero, comprenderemos también que toda enfermedad puede convertirse en el lugar de encuentro con Dios luminoso y profundo.

Si durante el tiempo de la enfermedad sabemos escuchar la voz de Dios y nos entregamos a Él, hemos encontrado la salvación en la enfermedad y ésta se convierte en fuente de bendiciones divinas para el enfermo y para los que le rodean. Es posible estar enfermo y sentir paz interior, alegría serena y afectos de agradecimiento a Dios que desea tocarnos con su mano amorosa en el lugar de la herida.
Dufner ingresó en 1966 a la abadía benedictina Muensterschwarzach. Estudió filosofía y teología .Fue director de la escuela de teatro en Egbert-Gymnasium Muensterschwarzach, donde hasta 1980 se desempeñó como profesor de arte.  De 1978 a 1982 fue rector de  seminario San Benito.

La salud personal es tarea espiritual de cada uno. Para gozar de buena salud  no es suficiente someterse a tratamiento con dosis de medicamentos. Es necesario además vivir conforme a las exigencias del Espíritu. La vida espiritual interpela al hombre en su totalidad sin excluir nada, ni separar nada, ni pasar por alto nada. Sólo así puede levantarse y curarse todo.  Pero también la enfermedad es en sí misma una tarea espiritual, porque es una llamada de Dios a reconocer el misterio de la vida que no consiste en encontrarse simplemente <en forma> sino en adquirir también conciencia plena de ser producto de la creación de Dios y objeto de su amor, de que estamos en camino hacia Él para encontrarle en la muerte, sin velos de misterio, y caer definitivamente en sus brazos misericordiosos. 

Sanos  o enfermos vivimos constantemente en la presencia del Señor.  Nuestro valor  como personas consiste en que Dios nos contempla  y dirige su palabra, más aún, que pronuncia una Palabra para que resuene en el mundo por nosotros y en nosotros, una Palabra única que desea hacerse oír por otros como melodía cantada en nuestra vida. Nuestro valor humano reside en la habitación de Dios dentro de nosotros. Ese Dios que habita ya en nosotros nos espera en la morada que Jesús nos tiene preparada junto al Padre. Sanos o enfermos caminamos hacia Dios que puede herir o sanar, provocar con salud o enfermedad a experimentarle en cada situación existencial como la única salud y salvación.
Editado por: Marina Fiorino Sierra


Fuente bibliográfica: NE narcea, S.A. de ediciones.  AGAPE Libros.  Bs. As 2006



martes, 7 de abril de 2015

"Cristiano es mi nombre, católico mi apellido, artista mi vocación"

Muchos han sido los  cristianos fervorosos que plasmaron su fe en el arte;representando las distintas etapas de la vida de Cristo, algunos pasajes  del Antiguo Testamento, así como representaciones de santos .
Compartimos con nuestros hermanos, una pintura realizada por Cristina Ibañez, sobre un maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial: el  Padre Pío.


Recordaremos que, Heredero espiritual de San Francisco de Asís, el  Padre Pío de Pietrelcina ha sido el primer sacerdote en llevar impreso sobre su cuerpo las señales de la crucifixión. Él ya fue conocido en el mundo como el "Fraile" estigmatizado.
El Padre Pío, al que  Dios donó particulares carismas, se empeñó con todas sus fuerzas por la salvación de las almas. Los muchos testimonios sobre su gran santidad  de Fraile, llegan hasta  nuestros días, acompañados por sentimientos de gratitud.
Sus intercesiones providenciales cerca de Dios fueron para muchos hombres causa de sanación en el cuerpo y motivo de renacimiento en el Espíritu.[1]

Por años, de cada parte del mundo, los fieles  fueron a este sacerdote estigmatizado, para conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones: un vertical hacia Dios, con la fundación de los "Grupos de ruego", hoy llamados “grupos de oración” y la otra horizontal hacia los hermanos, con la construcción de un moderno hospital: "Casa Alivio del Sufrimiento."  

El Padre Pío no había estudiado lenguas extranjeras, pero las entendía. No había estudiado francés, pero lo escribía. A la pregunta de su Director, el Padre Agustín, sobre quién le había enseñado francés, el padre respondió: Si la misión del Ángel Custodio es grande, la del mío es más grande aún, porque debe hacer de maestro explicándome otras lenguas.[2]

En  septiembre  los 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50° aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración. Nadie habría imaginado que  a las 2.30 de la madrugada  del 23 de septiembre de 1968, sería  el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina.

“El corazón de nuestro divino Maestro no conoce más que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Pongamos nuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estemos seguros de que la tierra y el cielo fallaran antes que la protección de vuestro Salvador”.  Padre Pío


                                                                              Editado por Lic.Susana Moreno
                                                                                             Catequista

martes, 31 de marzo de 2015

FRANCISCO Y LA PASION DE CRISTO


Es principalmente en la Pasión redentora de Cristo donde Francisco admira más  esa humildad llena de amor por la que se entrega a nosotros hasta la muerte. 
Nada le impresionaba tanto como la revelación de Cristo crucificado. Esta revelación constituye un hito importantísimo en su vida. “Desde aquella hora desfalleció su alma al oír hablar del Amado. Poco más tarde, el amor del corazón se puso de manifiesto en las llagas del cuerpo. Por eso, no puede contener en adelante el llanto; gime lastimeramente la pasión de Cristo, que casi siempre la tiene ante los ojos” (2C 11). “Desde aquel instante, la memoria de la Pasión del Señor se le imprimió con caracteres profundos en el alma” (3C 2), tanto que como dice San Buenaventura, “siempre que le venía a la mente el recuerdo de Cristo crucificado, a duras penas podía contener exteriormente las lágrimas y los gemidos” (LM 1m5). En el cuerpo y alma se sumergía Francisco en este misterio y se concentraba en él con toda la fuerza de su ser: “Todos los afanes del hombre de Dios, tanto en público como en privado. Se centraban en la cruz del Señor” (2C 2). “Estaba siempre contemplando el rostro de Cristo, siempre acariciando al varón de los dolores y conocedor de todo quebranto” (2C 85). La cruz, con su dura y penosa realidad, ocupaba el lugar más íntimo de su vida 1.

Pero Francisco de ninguna manera se limitaba a una contemplación sentimental de la Pasión de Cristo. Tenía demasiada conciencia de la necesidad de la salvación y del valor vivificador del sacrificio de Cristo. Los biógrafos sólo nos relatan lo que se podía constatar externamente, pero donde se manifiesta toda la profundidad del alma del santo es en su oración: “Bendito sea el Señor  Dios de Israel (Lc 1,66), que redimió las almas de sus siervos con su propia sangre santísima, y no abandonará a nadie que espere en ÉL (Sal 33,23) (OfP 6).”Aplaudan todas las gentes, aclamen a Dios con voz de júbilo (Sal 46, 2)… Porque el santísimo Padre de los cielos, nuestro Rey, antes de los siglos, envió de lo alto a su amado Hijo y realizó la salvación en medio de la tierra (Sal 95,11 -12)…Tiemble la tierra entera en su presencia; digan entre las gentes que el Señor reinó desde el madero” (Sal 95, 9-10)  (OfP 7).

Aunque Francisco llora la Pasión de Cristo, porque ama al Señor crucificado, al mismo tiempo canta con júbilo agradecido y desbordante porque en la Pasión se nos ha dado la redención. Desde lo más profundo de su corazón se eleva un himno de acción de gracias al Padre, santo y justo, porque “quisiste que nosotros fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte” (IR 23,3).
Editado por: Marina Fiorino Sierra

1Cf. 2C 109. Por esto la vida de Gregorio XI califica acertadamente a Francisco como “Crucifixi ministrum”, ministro o servidor del Crucificado (Testimonia minora saeculi XIII de S. Francisco Assisiensi, Ed.Leonardo Lemmens , Quarachi, 1036, p.13)
Cayetano Esser, ofm  ,Engelberto Grau, ofm. Respuesta al Amor. El  camino franciscano hacia Dios. CEFEPAL 1081.


           


  

martes, 10 de marzo de 2015

La Eucaristía Como Reactualización De La Obra Salvífica

            Muchos cristianos se acercan todavía hoy a la comunión como si se tratara de un encuentro puramente individual del alma con Cristo. En la concepción práctica y en el sentimiento, la Eucaristía aparece fuertemente desvinculada todavía de su relación elemental con la acción salvadora de Dios que se nos comunica en ella y por ella. En teoría, pero no en la práctica de muchos cristianos, la Eucaristía es la verdadera memoria de la muerte salvadora de Cristo. Para Francisco, “recibir el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo”, significa claramente celebrar la memoria de la Pasión… … …


            Ella es el sacrificio expiatorio perenne, que reconcilia a la humanidad pecadora con Dios. En ella, Dios se une nuevamente al hombre, renovando con él su alianza de amor… … …

            Por este misterio, lo que realiza en nosotros y por nosotros el Padre, Dios,  en su amor sin límites, nos aparta del camino de los pecados, por el que nos alejábamos cada vez más de Él. Por el sacramento del cuerpo y la sangre del Señor somos “trasladados de la muerte a la vida” (Cta Cle 3), porque en la reactualización de la Pasión de Cristo,  nos reencaminamos de nuevo hacia Dios. ¡Ojalá todos los cristianos entendieran cada vez mejor la saludable y santificadora  gracia de Dios que encierra este misterio! ¡Con qué reconocimiento se dejarían ganar y sanar por ella en medio de sus debilidades y miserias!

            De esta salvación  de Dios, que se actualiza en la Eucaristía, Francisco habla más extensamente en la primera parte de su  Carta a todos los fieles: “Y poco antes de la Pasión, celebró la Pascua con sus discípulos; y, tomando el pan, dio gracias, pronunció la bendición, y lo partió, diciendo: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo’. Y tomando el cáliz dijo: ‘Esta es mi sangre del Nuevo Testamento, que está derramada por todos ustedes y por todos para el perdón de los pecados’… … …

Fray Cayetano Esser, ofm                                                                   Fray Engelberto Grau, ofm[1]

Editado por: Marina Fiorino Sierra


[1] Fragmento de “RESPUESTA AL AMOR”. EL CAMINO FRANCISCANO HACIA DIOS. CEFEPAL 1981. Colección ALVERNIA N° 1 – Chile



domingo, 15 de febrero de 2015

Reconocimiento por la gracia de la fraternidad

La fraternidad es una dádiva y un don del amor paternal de Dios, porque se hace posible por la entrega de Cristo por nosotros. Debemos pues al Señor, quien se ha sacrificado por nosotros, la posibilidad y la realidad de ser-hermanos. Francisco así lo agradece, en un desborde de alegría: “A quien tanto ha soportado por nosotros, tantos bienes nos ha traído y nos ha de traer en el futuro, toda criatura del cielo, de la tierra, del mar y de los abismos, rinda como a Dios, alabanza, gloria, honor y bendición; porque ÉL es nuestra fuerza y fortaleza, el solo bueno, el solo altísimo, el solo omnipotente, admirable, glorioso, el solo santo, laudable y bendito por los siglos infinitos” (Ibid. 61s.)

.A todas las criaturas, con las que se sabe unido como hermano, les invita  a dar gracias porque se nos ha dado tener “un tal hermano” (Ibid.56) y ser en ÉL hermanos, Quien, como Francisco, experimente el dinamismo transformador del sacrificio de Cristo, cuyo fruto es la negación de sí mismo, y por lo mismo fundamento de toda comunidad, penetrará cada vez más por la celebración de ese sacrificio en lo más íntimo del misterio de la vida en fraternidad. Y no podrá menos de abundar también cada vez más en la acción de gracias al Padre, que por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo, nos ha dado la posibilidad de llamarnos, y ser real y verdaderamente hermanos.



            Es necesario dejarse penetrar cada vez más profundamente por este gran misterio de la fraternidad; ante todo, estando abierto a la gracia renovada de la Eucaristía que diariamente convoca a la comunidad, y por la que nunca acabaremos de dar gracias al Padre. Pero, luego hay que tener en cuenta que la gracia de “ser hermanos” debe ser continuamente reactualizada también en las circunstancias concretas de la vida de cada día, como Francisco lo recuerda a sus hermanos: “en señal del recuerdo de mi bendición y testamento, ámense siempre unos a otros”(Test 3), o como se dice en la Regla: “Y ámense mutuamente, como pide el Señor.’ Este es mi testamento, que se amen los unos a otros como yo los he amado’. Y muestren con obras el amor que se tienen mutuamente, como dice el Apóstol: ’No amemos de palabra y de boca, sino de obra y de verdad” (1R 11,5-6).[1]


[1] Fray Cayetano Esser, ofm . Engelberto Grau, ofm. Respuesta Al Amor. El camino franciscano hacia Dios, CEFEPAL 1981. Colección Alvernia


Editado por: Marina Fiorino Sierra

viernes, 16 de enero de 2015

Un Cristo intelectual no convierte a nadie

La importancia de la parroquia


En la Parroquia se juega el futuro de la Iglesia. Las parroquias deberían estar en estado de permanente conversión y de misión. Se puede caer en el error de transformar a la parroquia en una estación de servicios pastorales. 

La misioneriedad nos  lleva necesariamente, dada la conversión de las parroquias. Se hace prioritario repensar la parroquia. La llamada de Jesús es.... a la vida. El encuentro con Cristo no es el encuentro con una idea, es el encuentro con una persona. Entonces, deberíamos repensar la parroquia desde ese encuentro. La parroquia sería la responsable de promover ese encuentro.

La parroquia es el lugar por excelencia donde se realiza la inculturación. 

La parroquia es el centro del Documento de Aparecida. Debe ser comunidad viva. Comunidad de comunidades. La parroquia evangelizada tiene que ser evangelizadora. Es la célula viva de la Iglesia. Para hacerse comunidad de comunidades es necesario redescubrir el sentido misionero y el espíritu de comunión. La Fe en Jesucristo nos llega a través de la comunidad eclesial. Un objetivo central será el de reformular la estructura de la parroquia para ser comunidad de comunidades. El Espíritu Santo está activo. Tenemos que estar abiertos a la creatividad”. 


A los alejados hay que buscarlos
“Se necesita una pastoral familiar intensa y activa y vigorosa. Y una atención lúcida e inteligente a los jóvenes. Sin olvidarse de los ancianos. Las mujeres son las que más participan en la vida parroquial. Es necesario encontrar formas para  que los hombres participen más”.

Para renovar las parroquias antes que nada, es necesario el encuentro amoroso con Jesucristo. Una espiritualidad discipular, de quien sabe que es necesario aprender más. También,  las Homilías, para que no sean conferencias, sino más bien la actualización de las lecturas que se proclaman. Si hay un adjetivo que deben tener todas las parroquias es el ser misioneras.

“El Papa Francisco  insiste que deben ser comunidades incluyentes y fraternas. Hay que dejar atrás clericalismos y centralismos. Los alejados son un reto permanente: ¿por qué se han ido?”.



Una creatividad con nuevas ideas
En las parroquias debería al menos tenerse una vez a la semana la Lectio Divina. Inteligencia pastoral implica que se hace necesaria una creatividad que busque nuevas ideas.

La solidaridad debe ser la característica de toda parroquia y de toda comunidad. 
La parroquia debe tener la prioridad de la Misericordia. La parroquia no puede encerrarse en sĺ misma. Debe también, evangelizar el mundo de la política y el mundo de la economía. 

“Los Ejercicios Espirituales son necesarios y debemos facilitar mucho los retiros espirituales. Un Cristo intelectual no convierte a nadie. El demonio sabe más teología que todos nosotros. Es necesario tener el valor de romper un encerramiento. Es necesario compartir nuestra vivencia espiritual”. 

“De modo que el trabajo del párroco sea: el de armonizar. Ser director de orquesta. Organizar para vivir en sinfonía y no en cacofonía”.



Referencia bibliográfica:
Alfa Romeo.
diosexiste Resumen 15 Jan 2015 04:35:27 +0100 Número 2945


martes, 23 de diciembre de 2014

“La caridad es el alma de la fe”

San Antonio, siguiendo la escuela de san Francisco, pone siempre a Cristo en el centro de la vida y del pensamiento, de la acción y de la predicación, contemplando de buen grado, e invitando a contemplar, los misterios de la humanidad del Señor, el hombre Jesús, de modo particular el misterio de la Natividad, Dios que se ha hecho Niño, que se ha puesto en nuestras manos: un misterio que suscita sentimientos de amor y de gratitud hacia la bondad divina.


Es un santo perteneciente a la primera generación de los Frailes Menores y uno de los santos más populares de toda la Iglesia católica, venerado no sólo en Padua, donde se erigió una basílica espléndida que recoge sus restos mortales, sino en todo el mundo. Los fieles estiman las imágenes y las estatuas que lo representan con el lirio, símbolo de su pureza, o con el Niño Jesús en brazos.
Se dedicó con interés y solicitud al estudio de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, adquiriendo la ciencia teológica que utilizó en la actividad de enseñanza y de predicación.
En Coimbra tuvo lugar el episodio que imprimió un viraje decisivo a su vida: allí, en 1220 se expusieron las reliquias de los primeros cinco misioneros franciscanos, que habían ido a Marruecos, donde habían sufrido el martirio. Su testimonio hizo nacer en el joven sacerdote, el deseo de imitarlos y de avanzar por el camino de la perfección cristiana: pidió dejar los Canónigos agustinos y hacerse Fraile Menor.
Su petición fue acogida y, tomando el nombre de Antonio, también él partió hacia Marruecos, pero a consecuencia de una enfermedad, se vio obligado a regresar a Italia y, en 1221, participó en el famoso "Capítulo de las esteras" en Asís, donde se encontró también con san Francisco.
Fue uno de los primeros maestros de teología de los Frailes Menores, sino …incluso el primero. Comenzó su enseñanza en Bolonia, con la bendición de san Francisco, el cual, reconociendo las virtudes de Antonio, le envió una breve carta que comenzaba con estas palabras: "Me agrada que enseñes teología a los frailes". Antonio sentó las bases de la teología franciscana.
En el último periodo de su vida, san Antonio puso por escrito dos ciclos de "Sermones", titulados respectivamente "Sermones dominicales" y "Sermones sobre los santos", destinados a los predicadores y a los profesores de los estudios teológicos de la Orden franciscana.
En estos sermones, san Antonio habla de la oración como de una relación de amor, que impulsa al hombre a conversar dulcemente con el Señor, creando una alegría inefable, que suavemente envuelve al alma en oración.


En esta enseñanza de san Antonio sobre la oración observamos uno de los rasgos específicos de la teología franciscana, de la que fue el iniciador, a saber, el papel asignado al amor divino, que entra en la esfera de los afectos, de la voluntad, del corazón, y que también es la fuente de la que brota un conocimiento espiritual que sobrepasa todo conocimiento. De hecho, amando… conocemos.
Que la actualización de la Palabra de Dios sea una presentación eficaz de la eterna belleza de Cristo, precisamente como san Antonio recomendaba: "Si predicas a Jesús, él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente" (Sermones Dominicales et Festivi III, p. 59).
También  escribe san Antonio: "La caridad es el alma de la fe, hace que esté viva; sin el amor, la fe….. muere" (Sermones Dominicales et Festivi II, Messaggero, Padua 1979, p. 37).[1]






[1] San Antonio de Padua y la espiritualidad franciscana. Rutas conventuales. Fuente: Vatican.va


domingo, 30 de noviembre de 2014

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN CONTEMPLADO CON LOS OJOS DE FRANCISCO DE ASÍS

Todos conocemos la historia de Francisco que en Greccio, tres años antes de su muerte, comenzó la tradición navideña del pesebre.
La importancia del episodio no está tanto en el hecho en sí mismo ni en la espectacular continuación que ha tenido en la tradición cristiana; está en la novedad que revela a propósito de la comprensión que el santo tenía del misterio de la encarnación.
Francisco de Asís nos ayuda a integrar la visión ontológica de la Encarnación, con la más existencial y religiosa. No importa, de hecho, saber solo que Dios se ha hecho hombre;importa también saber que tipo de hombre se ha hecho. Es significativo la forma distinta y complementaria en la que Juan y Pablo describen el evento de la encarnación. Para Juan, consiste en el hecho de que el Verbo que era Dios se ha hecho carne (cf. Jn 1, 1-14): para Pablo, consiste en el hecho de que "Cristo, siendo de naturaleza divina, ha asumido la forma de siervo y se ha humillado a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte" (cf. Fil 2, 5 ss). Para Juan, el Verbo, siendo Dios, se ha hecho hombre; para Pablo "Cristo, de rico que era, se ha hecho pobre" (cf. 2 Cor 8, 9).
Francisco de Asís se sitúa en la línea de san Pablo. Más que sobre la realidad ontológica de la humanidad de Cristo (en la cual cree firmemente junto a toda la Iglesia), insiste, hasta la conmoción, sobre la humildad y la pobreza de esta. Dicen las fuentes, que había dos cosas que tenían el poder de conmoverlo hasta las lágrimas cada vez que oía hablar de ellas:  “la humildad de la encarnación de la caridad de la pasión”[2]. “No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla. Una vez que se sentó a comer le dijo un hermano que la Santísima Virgen era tan pobrecilla, que a la hora de comer no tenía nada que dar a su Hijo. Oyendo esto el varón de Dios, suspiró con gran angustia, y, apartándose de la mesa, comió pan sobre la desnuda tierra”[3] .
2. La Navidad y los pobres
La distinción entre el hecho de la encarnación y el modo de ésta, entre su dimensión ontológica y la existencial, nos interesa porque arroja una luz singular sobre el problema actual de la pobreza y de la actitud de los cristianos hacia ella. Ayuda a dar un fundamento bíblico y teológico a la elección preferencial por los pobres, proclamada en el Concilio Vaticano II. Si de hecho por el hecho de la encarnación, el Verbo tiene, en cierto sentido, asumido a cada hombre, como decían ciertos Padres de la Iglesia, por el modo en el que ha sucedido la encarnación, él ha asumido, de una forma particular, el pobre, el humilde, el que sufre, hasta el punto de identificarse con él.
Ciertamente, en el pobre no se tiene el mismo género de presencia de Cristo que se tiene en la Eucaristía o en otros sacramentos, pero se trata de una presencia también "real". Él ha instituido este signo, como ha instituido la Eucaristía. Él que pronunció sobre el pan las palabras: "Esto es mi cuerpo", dijo estas mismas palabras también sobre los pobres. Lo ha dicho cuando, hablando de lo que se ha hecho, o no se ha hecho, por el hambriento, el sediento, el prisionero, el desnudo y el exiliado, declaró solemnemente: "Lo habéis hecho a mí", y "no lo habéis hecho a mí". Esto de hecho equivale a decir: "Esa persona realmente rota, necesitada de un poco de pan, ese anciano que moría entumecido por el frío sobre la acera, ¡era yo!". "Los padres conciliares - escribió Jean Guitton, observador laico del Vaticano II - han redescubierto el sacramento de la pobreza, la presencia de Cristo bajo la especie de aquellos que sufren"[5].
El pobre es también él un "vicario de Cristo", uno que toma el lugar de Cristo. Vicario, en sentido pasivo, no activo. No en ese sentido, es decir, que lo que hace el pobre es como si lo hiciera Cristo, si no en el sentido que lo que se hace al pobre es como si se le hiciese a Cristo. Es verdad, como escribe san León Magno, que después de la ascensión, "todo lo que era visible de nuestro Señor Jesucristo ha pasado en las signos sacramentales de la Iglesia"[6], pero también es verdad que, desde el punto de vista existencial, esto ha pasado también en los pobres y en todos aquellos con los que él dijo: "Lo habéis hecho a mí".
Si los cristianos son aquellos que han sido "bautizados en la muerte de Cristo" (Rom 6, 3), ¿quién está más bautizado en la muerte de Cristo que ellos?
¿Cómo no considerarles, en cierto modo, Iglesia de Cristo, si Cristo mismo les ha declarado su cuerpo? Ellos son "cristianos", no porque se declaren pertenecientes a Cristo, sino porque Cristo les ha declarado pertenecientes a si mismo: "¡Lo habéis hecho a mí!" Si hay un caso en el que la controvertida expresión "cristianos anónimos" puede tener una aplicación plausible, es precisamente este de los pobres.
De ello se desprende que el Papa, vicario de Cristo, es realmente el "padre de los pobres", el pastor de este rebaño inmenso, y es una alegría y un estímulo para todo el pueblo cristiano ver cuánto este rol ha sido tomado en el corazón de los últimos Sumos Pontífices y de una forma particular del pastor que se sienta hoy en la cátedra de Pedro. Él es la voz más autorizada que se levanta en su defensa. La voz de los que no tienen voz. ¡Realmente no "se ha olvidado de los pobres"!

3. Amar, auxiliar y evangelizar a los pobres
La primera cosa que es necesario hacer respecto a los pobres, es entonces  romper los cristales aislantes, superar la indiferencia y la insensibilidad. Debemos, como justamente nos exhorta el Papa, “darnos cuenta” de los pobres, dejarnos tomar por una sana inquietud ante su presencia en medio a nosotros, muchas veces a dos pasos de nuestra casa. Lo que debemos hacer en concreto por ellos lo podemos resumir en tres palabras: amarlos, auxiliarlos y evangelizarlos.
Amar a los pobres. El amor por los pobres es una de las características más comunes de la santidad católica. Para algunos santos como san Vicente de Paul, madre Teresa de Calcuta y tantos otros, el amor por los pobres fue incluso el camino a la santidad, su carisma.
Amar a los pobres significa sobretodo respetarlos y reconocerles su dignidad. 
Pero los pobres no merecen solamente nuestra conmiseración, se merecen también nuestra admiración. Ellos son verdaderos campeones de la humanidad. Cada año se distribuyen copas, medallas de oro, de plata, de bronce; al mérito, a la memoria o a los ganadores de torneos. Y quizás solamente porque han sido capaces de correr en una fracción menos de segundo que los otros, en los cien, doscientos, o cuatrocientos metros con obstáculos, o por saltar un centímetro más que los otros, o ganar un maratón o un torneo de slalom.
Y si uno observa los “saltos” mortales, los maratones y los slalom que los pobres son capaces de hacer no sólo una vez, pero durante toda la vida, los resultados de los más famosos atletas nos parecerían juegos de niños. ¿Qué es un maratón respecto, por ejemplo, al que hace un hombre rickshaw de Calcuta, el cual al final de la vida hizo a pie el equivalente a diversas vueltas de la tierra, en el calor tremendo, jalando a uno o dos pasajeros por calles maltrechas, entre baches y pozos, zigzagueando entre los autos para no ser atropellado?
Francisco de Asís nos ayuda a descubrir un motivo aún más fuerte para amar a los pobres: el hecho de que ellos no son simplemente nuestros “similares” o nuestro “prójimo”: ¡son nuestros hermanos! Jesús había dicho: “Uno sólo es vuestro Padre celeste y ustedes son todos hermanos” (cf. Mt 23,8-9), pero esta palabra había sido entendida hasta ahora como dirigida solamente a sus discípulos. En la tradición cristiana, hermano en el sentido literal es solamente quien comparte la misma fe y ha recibido el mismo bautismo.
Francisco retoma la palabra de Cristo y le da un alcance universal, que es aquel que seguramente tenía en su mente también Jesús. Francisco ha puesto realmente “todo el mundo en estado de fraternidad”[9]. Llama hermanos no solamente a sus frailes y a los compañeros de la fe, sino también a los leprosos, los ladrones, sarracenos, o sea creyentes y no creyentes, buenos o malos, especialmente a los pobres. Novedad ésta absoluta, extiende el concepto de hermano y hermana también a las criaturas inanimadas: el sol, la luna, la tierra, el agua y hasta a la muerte. Esta evidentemente es poesía más que teología. El santo sabe bien que entre ellas y las criaturas humanas hechas a imagen de Dios, existe la misma diferencia que entre el hijo de un artista y las obras por él creadas. Pero es que el sentido de fraternidad universal del Pobrecillo no tiene confines.
Al deber de amar y respetar a los pobres, le sigue el de auxiliarlos. Quien nos encamina es san Jacobo. ¿De qué nos sirve tener piedad delante de un hermano o una hermana sin vestidos y sin alimentos si les decimos: “¡Pobrecito, sufres mucho. Ve, caliéntate y sáciate!”, si no le das nada de lo que necesita para calentarse y nutrirse? La compasión, como la fe, sin obras está muerta (cf. Gc 2, 15-17). 
Hoy, sin embargo, ya no es suficiente simplemente la limosna. El problema de la pobreza se ha vuelto planetario. Cuando los Padres de la Iglesia hablaban de los pobres pensaban en los pobres de su ciudad, o al máximo en los de la ciudad vecina. No conocían otra cosa si no muy vagamente. 
Eliminar o reducir el injusto y escandaloso abismo que existe entre ricos y pobres en el mundo es el deber más urgente y más ingente que el milenio que ha concluido hace poco ha entregado al nuevo milenio en el que hemos entrado. Esperamos que no sea todavía el problema número uno que el milenio presente deja en herencia a el sucesivo.
Finalmente, evangelizar a los pobres. Esta fue la misión que Jesús reconoció como la suya por excelencia: “El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para evangelizar a los pobres” (Lc 4, 18) y que indicó como signo de la presencia del Reino a los invitados del Bautista: “A los pobres es anunciada la buena noticia” (Mt 11, 15). No debemos permitir que nuestra mala conciencia nos empuje a cometer la enorme injusticia de privar de la buena noticia a aquellos que son los primeros y más naturales destinatarios. Tal vez, poniendo como excusa, el proverbio que dice "el vientre hambriento no tiene oídos".
Jesús multiplicaba los panes junto con la palabra, más bien antes administraba, a veces durante tres días seguidos, la Palabra y después se preocupaba también de los panes. No sólo de pan vive el pobre, sino también de esperanza y de toda palabra que sale de la boca de Dios. Los pobres tienen el derecho sacrosanto de escuchar el Evangelio en su totalidad, no en la edición abreviada o polémica; el evangelio que habla del amor a los pobres, pero no del odio a los ricos.
4. Alegría en los cielos y alegría en la tierra
Terminamos en otro tono. Para Francisco de Asís, la Navidad no era sólo la oportunidad de llorar sobre la pobreza de Cristo; era también la fiesta que tenía el poder de hacer estallar toda la capacidad de alegrarse que había en su corazón, y era inmensa. En Navidad él hacía locuras literalmente.
 “Quería que en este día los pobres y los mendigos fuesen saciados por los ricos, y que los bueyes y los asnos recibiesen una ración de comida y heno más abundante de lo habitual. Si podré hablar con el emperador -decía- le suplicaré que emane un edicto general, por lo que todos aquellos que tienen la posibilidad, deban esparcir por las calles trigo y cereales, por lo que en un día de tanta solemnidad los pajaritos y particularmente las hermanas alondras tengan en abundancia”[12].
Se convertía como en uno de esos niños que están con los ojos llenos de admiración delante del pesebre. “Durante la función navideña en Greccio, cuenta el biógrafo, cuando pronunciaba el nombre ‘Belén’ se llenaba la boca de voz y todavía más de tierno afecto, produciendo un sonido como el balar de la oveja. Y cada vez que decía ‘Niño de Belén’ o ‘Jesús’, pasaba la lengua sobre los labios, casi para disfrutar y retener toda la dulzura de esas palabras”.
Hay un canto navideño que expresa perfectamente los sentimientos de San Francisco delante del pesebre y no es de extrañar si tenemos en cuenta que ha sido escrito, letra y música, por un santo como él, san Alfonso María de Ligorio. Escuchándolo en el tiempo navideño, dejémonos conmover por su mensaje simple pero esencial:
Bajas de las estrellas o Rey del Cielo,
y vienes en una gruta al frío y al hielo…
A ti que eres del mundo el Creador,
faltan vestido y fuego, oh mi Señor.
Querido elegido niñito, cuánto esta pobreza
me inspira amor para ti,
luego que el amor te hizo aún más pobre.
Santo Padre, Venerables Padres, hermanos y hermanas, ¡Feliz Navidad!

Fuente consultada: http://www.zenit.org/es/articles/la-iii-predicacion-de-adviento-a-la-que-asistio-el-papa-y-la-curia-romana
[2] Ib. 30.
[3] Celano, Vida Segunda, 151.
[5] J. Guitton, cit. por R. Gil, Presencia de los pobres en el concilio, en “Proyección” 48, 1966, p.30.
[6] S. León Magno, Discurso 2 sobre la Ascensión, 2 (PL 54, 398).
[9] P. Damien Vorreux, San Francisco de Asís, Documentos, París 1968, p. 36.
[12] Celano, Vida Segunda,  151.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Cinco claves del pensamiento pastoral del Papa Francisco

Última Entrega
Francisco es un pastor y un pastoralista, un misionero activo y un pensador profundo, “un maestro de pastoral”.

         1.      La mística: la dulce alegría de evangelizar. El título orienta la mirada a la alegría que provoca la Buena Nueva. No acentúa el Evangelio de la alegría sino la alegría que provoca el Evangelio. La alegría del discípulo nace de la fe en la Buena Noticia del amor de Dios en Jesucristo. “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (A 29).
      2.    Una eclesiología en la huella del Concilio y de Pablo VI. Francisco quiere una Iglesia misio-céntrica. Expone una eclesiología pastoral porque “la Iglesia existe para evangelizar” (EN 14). El primer capítulo analiza “la transformación misionera de la Iglesia” con expresiones novedosas (EG 19-51). “Una Iglesia en salida” (EG 20-24) se centra en Cristo y el hombre. “El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales”.  Francisco emplea mucho las imágenes femeninas de la Iglesia: esposa, madre, viuda. La casa de la Madre es como un hospital de campaña después de la batalla que recoge, alivia y cuida a los hijos heridos en la vida y en la fe.[1] Las metáforas referidas a la Iglesia como madre, casa y hospital son elocuentes. Con el soporte de su eclesiología pastoral y el impulso de la espiritualidad misionera Francisco desea realizar la reforma de la Iglesia soñada por el Concilio Vaticano II.


3.     El influjo pastoral universal de Aparecida. El primer Papa sureño y latinoamericano, con tonada argentina y porteña, representa de una forma singular el corazón, el rostro y el camino de la Iglesia latinoamericana. La novedad de su pontificado está relacionada con la novedad de Aparecida.[2] Hay una íntima relación entre Aparecida y Francisco.[3] El mundo observó ese vínculo espiritual, afectivo y pastoral el 24 de julio de 2013, cuando Francisco peregrinó desde Río al santuario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida para visitar a la Madre de Dios, donde estuvo en 2007. Francisco emplea muchas veces el sustantivo atracción y el verbo atraer porque “la Iglesia no crece por proselitismo sino ‘por atracción’” (EG 14, 131; A 159). 



     La misión es, sobre todo, obra de la atracción de Dios en Cristo por el Espíritu, María y la Iglesia. La evangelización no es cruzada, ni marketing, ni proselitismo. Surge de la primera bondad de Dios y la sorpresa del éxodo misionero  de la Iglesia (EG 24). El camino de Dios es la belleza de la atracción del amor. El texto insiste en que Dios nos primerea con la iniciativa de su misericordia (EG 24) y destaca el primado de su gracia en el anuncio del Evangelio (EG 12, 112). Francisco expresa la revolución de la ternura de Dios que comenzó con la Encarnación de su Hijo, Jesús. En sus mensajes navideños en Buenos Aires afirmaba, contemplando la imagen del Niño, que Dios es ternura.
     4.       La dimensión social de la evangelización. El Santo Padre afirma que muchas cuestiones graves de la Iglesia y del mundo deben ser aún profundizadas y que no es su función dar una palabra definitiva o completa sobre todas (EG 16), ni hacer análisis detallados sobre la realidad actual (EG 51) y por eso dice que, como tal, él no tiene “el monopolio en la interpretación de la realidad social” (EG 184). Al contrario, citando la carta de Pablo VI de 1971, mueve a las comunidades cristianas locales a discernir desde el Evangelio las desafíos y a transformar las nuevas realidades (EG 108). 
     5.      La teología argentina en la síntesis pastoral de Francisco. Las novedades de la exhortación son innumerables en los planos del pensamiento el lenguaje y la acción. En línea con lo presentado por Juan Carlos Scannone,  afirma Galli,  que el Papa asume y enriquece muchos aportes de la teología bíblica, hermenéutica, moral, pastoral, histórica, espiritual, cultural y social gestada en la comunidad teológica argentina. En el siglo XX la teología católica fue pensada, dicha y escrita en latín y, luego, en francés, alemán, italiano e inglés. Con este patrimonio común el siglo XXI puede recibir el humilde aporte de una teología pensada, dicha y escrita en castellano y con tonada argentina. De este modo, la incipiente pero promisoria teología argentina,  hasta ahora marginada en aulas y libros europeos, puede comenzar a ser conocida, reconocida, discutida y aprovechada. Éste es un kairós para conocer la reflexión teológica argentina que nutre el pensar de Francisco.




[1] Cf. A. Spadaro, “Intervista a Papa Francisco”, La Civiltá Cattolica 3918 (2013) 461-462.
[2] Cf. L. Accattoli, Il vescovo di Roma. Gli esordi di Papa Francesco, Bologna, Dehoniane, 2014, 30-31.
[3] Cf, C. M. Galli, “Francesco e la Chiesa latinoamericana”, Il Regno / Attualitá 2014/2, 57-63.