Translate

jueves, 6 de agosto de 2015

DE LA CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI´

Santo Padre FRANCISCO


III. Ecología de la vida cotidiana
147. Para que pueda hablarse de un auténtico desarrollo, habrá que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas. Los escenarios que nos rodean influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y de actuar. A la vez, en nuestra habitación, en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo y en nuestro barrio, usamos el ambiente para expresar nuestra identidad. Nos esforzamos para adaptarnos al medio y, cuando un ambiente es desordenado, caótico o cargado de contaminación visual y acústica, el exceso de estímulos nos desafía a intentar configurar una identidad integrada y feliz.
148. Es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente, modificando los efectos adversos de los condicionamientos y aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad. Por ejemplo, en algunos lugares, donde las fachadas de los edificios están muy deterioradas, hay personas que cuidan con mucha dignidad el interior de sus viviendas, o se sienten cómodas por la cordialidad y la amistad de la gente. La vida social positiva y benéfica de los habitantes derrama luz sobre un ambiente aparentemente desfavorable. A veces es encomiable la ecología humana que pueden desarrollar los pobres en medio de tantas limitaciones. La sensación de asfixia producida por la aglomeración en residencias y espacios con alta densidad poblacional se contrarresta si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cálidas, si se crean comunidades, si los límites del ambiente se compensan en el interior de cada persona, que se siente contenida por una red de comunión y de pertenencia. De ese modo, cualquier lugar deja de ser un infierno y se convierte en el contexto de una vida digna.
149. También es cierto que la carencia extrema que se vive en algunos ambientes que no poseen armonía, amplitud y posibilidades de integración facilita la aparición de comportamientos inhumanos y la manipulación de las personas por parte de organizaciones criminales. Para los habitantes de barrios muy precarios, el paso cotidiano del hacinamiento al anonimato social que se vive en las grandes ciudades puede provocar una sensación de desarraigo que favorece las conductas antisociales y la violencia. Sin embargo, quiero insistir en que el amor puede más. Muchas personas en estas condiciones son capaces de tejer lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo. Esta experiencia de salvación comunitaria es lo que suele provocar reacciones creativas para mejorar un edificio o un barrio[117].


150. Dada la interrelación entre el espacio y la conducta humana, quienes diseñan edificios, barrios, espacios públicos y ciudades necesitan del aporte de diversas disciplinas que permitan entender los procesos, el simbolismo y los comportamientos de las personas. No basta la búsqueda de la belleza en el diseño, porque más valioso todavía es el servicio a otra belleza: la calidad de vida de las personas, su adaptación al ambiente, el encuentro y la ayuda mutua. También por eso es tan importante que las perspectivas de los pobladores siempre completen el análisis del planeamiento urbano.
151. Hace falta cuidar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, nuestro sentimiento de «estar en casa» dentro de la ciudad que nos contiene y nos une. Es importante que las diferentes partes de una ciudad estén bien integradas y que los habitantes puedan tener una visión de conjunto, en lugar de encerrarse en un barrio privándose de vivir la ciudad entera como un espacio propio compartido con los demás. Toda intervención en el paisaje urbano o rural debería considerar cómo los distintos elementos del lugar conforman un todo que es percibido por los habitantes como un cuadro coherente con su riqueza de significados. Así los otros dejan de ser extraños, y se los puede sentir como parte de un « nosotros » que construimos juntos. Por esta misma razón, tanto en el ambiente urbano como en el rural, conviene preservar algunos lugares donde se eviten intervenciones humanas que los modifiquen constantemente.
152. La falta de viviendas es grave en muchas partes del mundo, tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades, porque los presupuestos estatales sólo suelen cubrir una pequeña parte de la demanda. No sólo los pobres, sino una gran parte de la sociedad sufre serias dificultades para acceder a una vivienda propia. La posesión de una vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas y con el desarrollo de las familias. Es una cuestión central de la ecología humana. Si en un lugar ya se han desarrollado conglomerados caóticos de casas precarias, se trata sobre todo de urbanizar esos barrios, no de erradicar y expulsar. Cuando los pobres viven en suburbios contaminados o en conglomerados peligrosos, «en el caso que se deba proceder a su traslado, y para no añadir más sufrimiento al que ya padecen, es necesario proporcionar una información adecuada y previa, ofrecer alternativas de alojamientos dignos e implicar directamente a los interesados»[118]. Al mismo tiempo, la creatividad debería llevar a integrar los barrios precarios en una ciudad acogedora: «¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro![119]».
153. La calidad de vida en las ciudades tiene mucho que ver con el transporte, que suele ser causa de grandes sufrimientos para los habitantes. En las ciudades circulan muchos automóviles utilizados por una o dos personas, con lo cual el tránsito se hace complicado, el nivel de contaminación es alto, se consumen cantidades enormes de energía no renovable y se vuelve necesaria la construcción de más autopistas y lugares de estacionamiento que perjudican la trama urbana. Muchos especialistas coinciden en la necesidad de priorizar el transporte público. Pero algunas medidas necesarias difícilmente serán pacíficamente aceptadas por la sociedad sin una mejora sustancial de ese transporte, que en muchas ciudades significa un trato indigno a las personas debido a la aglomeración, a la incomodidad o a la baja frecuencia de los servicios y a la inseguridad.
154. El reconocimiento de la dignidad peculiar del ser humano muchas veces contrasta con la vida caótica que deben llevar las personas en nuestras ciudades. Pero esto no debería hacer perder de vista el estado de abandono y olvido que sufren también algunos habitantes de zonas rurales, donde no llegan los servicios esenciales, y hay trabajadores reducidos a situaciones de esclavitud, sin derechos ni expectativas de una vida más digna.
155. La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo»[120]. En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»[121].




miércoles, 22 de julio de 2015

San Francisco Solano


(1549-1610)

Nació en Montilla (Córdoba) y murió en Lima. De hidalga familia, tomó el hábito de San Francisco en su ciudad natal a los veinte años. Pasó al convento de Santa María de Loreto, junto a Sevilla, donde estudió filosofía y teología. Se ordenó de sacerdote y fue maestro de novicios en Arruzafa y San Francisco del Monte y luego se dedicó ardientemente a la predicación y a la caridad, sobre todo en época de epidemias, en Andalucía.

Quiso ir a Berbería, pero al saber que se pedían frailes de su Orden para el Perú, logró se le incluyese entre éstos, yendo allí en 1589, con la armada que llevó el virrey marqués de Cañete. En la travesía de Panamá al Callao naufragó, permaneciendo sobre restos flotantes de la embarcación tres días, hasta que fue salvado.

Aprendió lenguas indígenas, se dedicó a doctrinar los indios, recorriendo durante catorce años grandes territorios en Tucumán y Paraguay y siete en los del Perú, Chile, siendo amado y respetado por los indios.


Nombrado prior de los descalzos de Lima, rehuyó el cargo, marchando a Trujillo; pero elegido guardián del convento grande de Lima, tuvo que permanecer en él, hasta que, a sus insistentes ruegos, fue dispensado de desempeñarlo, aunque permaneció en la ciudad dedicado a la predicación y a la reforma de las costumbres.

Por la austeridad de su vida y ardiente caridad, túvosele en Lima, en vida, gran veneración, acrecentada con su muerte. Su cadáver fue llevado en hombros del virrey, el arzobispo y las personas más representativas de Lima y sepultado en la capilla de la cripta, debajo del altar mayor de San Francisco.

Iniciadas las informaciones canónicas y traspasadas a Roma, fue beatificado en 1675 y canonizado en 1726, año en que, con grandes fiestas, se le nombró patrono de Lima y de muchas ciudades de Sudamérica.
A semejanza de San Francisco Javier, apóstol de las Indias orientales, San Francisco Solano es llamado el apóstol de las Indias de Occidente y más exactamente, el apóstol de la América meridional.


Autor: José Tudela.(1952) San Francisco Solano.
AA. VV., Diccionario de Historia de España.
Tomo II, pp. 1198-1199.
Revista de Occidente. Madrid


Editado por Marina Fiorino Sierra

domingo, 5 de julio de 2015

Preservar la perspectiva singular del Papa: la ecología integral


              
El Papa Francisco ha realizado un enorme cambio en el discurso ecológico al pasar de la ecología ambiental a la ecología integral. Esta incluye la ecología político-social, la mental, la cultural, la educacional, la ética y la espiritualidad. Existe el peligro de que esta visión integral sea asimilada dentro del discurso ambiental habitual, no dándose cuenta de que todas las cosas, saberes e instancias están interligadas. 

Es decir, el calentamiento global tiene que ver con la furia industrialista, la pobreza de buena parte de la humanidad está relacionada con el modo de producción, distribución y consumo, la violencia contra la Tierra y los ecosistemas deriva del paradigma de dominación que está en la base de nuestra civilización dominante desde hace ya cuatro siglos, que el antropocentrismo es consecuencia de la comprensión ilusoria de que somos dueños de la cosas y que ellas solo tienen sentido en la medida en que sirven para nuestro disfrute.

                Esa cosmología (conjunto de ideas, valores, proyectos, sueños e instituciones) lleva al Papa a decir: “nunca hemos ofendido y maltratado a nuestra casa común como en los dos últimos siglos” (nº 53).

                ¿Cómo superar esa ruta peligrosa? El Papa responde; “con un cambio de rumbo” y todavía más con la disposición de “delinear grandes caminos de diálogo que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo (163). Si no hacemos nada, podremos ir al encuentro de lo peor. Pero el Papa confía en la capacidad creativa de los seres humanos que juntos podrán formular el gran ideal: “un solo mundo en un proyecto común” (164).

                Bien distinta es la visión imperante e imperial presente en la mente de quienes controlan las finanzas y los rumbos de las políticas mundiales: “un solo mundo y un solo imperio”.

                Para enfrentar los múltiples aspectos críticos de nuestra situación el papa propone la ecología integral. Y le da el fundamento correcto: “Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales” (137).
Foto: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEisbTwCsq4E3lvnY5ogKA9NRKuCOKfwMLElPAoBOCXVLR31YWTp7pe_gZcJ04rQT92btw77-tKzo7SlW2-wCunGlo-lalVb7gZTVNZn6wBaIuaOjrHmVdhPOqR2jZUTP2tJt0mEd2lvO4mn/s1600/agroecologia.jpg
                El presupuesto teórico se deriva de la nueva cosmología, de la física cuántica, de la nueva biología, en una palabra, del nuevo paradigma contemporáneo que implica la teoría de la complejidad y del caos (destructivo y generativo). En esa visión, lo repetía uno de los fundadores de la física cuántica, Werner Heisenberg; “todo tiene que ver con todo en todos los puntos y en todos los momentos; todo es relación y nada existe fuera de la relación”.

                Esta lectura la repite el Papa innumerables veces, formando el tonus firmus de sus exposiciones. Seguramente la más bella y poética de las formulaciones la encontramos en el nº 92: “Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre Tierra”.

                Esa visión existe desde hace ya casi un siglo, pero nunca consiguió imponerse en la política y en la orientación de los problemas sociales y humanos. Todos seguimos siendo rehenes del viejo paradigma que aísla los problemas y busca una solución específica para cada uno sin darse cuenta de que esa solución puede ser dañina para otro de los problemas. Por ejemplo, el problema de la infertilidad de los suelos se resuelve con nutrientes químicos que, a su vez, penetran en la tierra y alcanzan el nivel freático de las aguas de los acuíferos envenenándolos.

                La encíclica podrá servirnos de instrumento educativo para apropiarnos de esta visión inclusiva e integral. Por ejemplo, como afirma la encíclica: “Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella” (139).

                Y continúa dándonos ejemplos convincentes: “Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente” [115].

                Si todo es relación, entonces la propia salud humana depende de la salud de la Tierra y de los ecosistemas. Todas las instancias se entrelazan para bien o para mal. Esa es la textura de la realidad, no opaca y rasa sino compleja y altamente relacionada con todo.

                Si pensásemos nuestros problemas nacionales en ese juego de inter-retro-relaciones no tendríamos tantas contradicciones entre los ministerios y las acciones gubernamentales. El papa nos sugiere caminos, que son certeros y nos pueden sacar de la ansiedad en la que nos encontramos frente a nuestro futuro común.

                Teilhard de Chardin tenía razón cuando en los años 30 del siglo pasado escribía: “la era de la naciones ya pasó. La tarea que tenemos por delante, si no perecemos, es construir la Tierra”, Cuidando la Tierra con tierno y fraterno afecto en el espíritu de san Francisco de Asís y de Francisco de Roma, podremos seguir “caminando y cantando”, como concluye la encíclica, llenos de esperanza. Todavía tenemos futuro y vamos a irradiar.


Fuentes:



viernes, 29 de mayo de 2015

COMO CONSTRUIR UNA UTOPÍA


Una utopía, largamente soñada y construida con la participación no sólo de numerosas personas, sino de tantas generaciones en el decurso de los siglos, no puede improvisarse. Es preciso por consiguiente, reencontrar sus bases, continuar sus líneas, rever los caminos, en fin, tener ideas muy claras con respecto a su concreción.

Una de las bases fundamentales es que el Dios de la Biblia siempre trabajó con la utopía de todo un pueblo y de toda la humanidad a través de la historia. La perspectiva tiene que ser universal, sin excluir ninguna cultura, ninguna religión, ninguna oveja del rebaño. Su pueblo tiene que extenderse por toda la olkoumene en una verdadera y amplia  visón ecuménica.

También es evidente que nuestra utopía del Evangelio tiene que ser profundamente libre (se basa en personas libres) y no puede quedar presa en ideología alguna. Las ideologías son el sueño de los algunos grupos de poderosos, no el sueño de los pobres y débiles de Jesucristo y Francisco.

En nuestra época, para tener una perspectiva de pueblo, uno de los principales y primeros puntos que hay que trabajar es de una mejor relación de justicia entre el hombre y la mujer. 
Nuestra fe profesa que Dios ha creado al hombre y a la mujer con la misma dignidad personal y con los mismos derechos, ambos a imagen suya.jpicfranciscanas.blogspot.com
Podemos decir que éste es uno de los signos de los nuevos tiempos, al que tenemos que darle todo el impulso posible, porque sus raíces interiores necesitan ser curadas. La perspectiva de nuestra utopía tiene que aprovechar todas las realidades posibles y alistarse frente a las experiencias negativas y las carencias del pueblo. Debe partir de los débiles. No trabajamos con poderes, sino con personas. Nuestra utopía siempre parte de la Cruz de Jesucristo, que asumió las nuestras….

Uno de los puntos fundamentales que los franciscanos pueden ofrecer al mundo de hoy y de siempre, es el de una comunidad  humana libre de presiones para comprar todo lo que aparece, es decir, una sociedad liberada del consumismo, que es uno de los mayores males que aqueja a nuestra sociedad contemporánea.

Giotto: Francisco renuncia a los bienes paternos
Partiendo del mundo de los desprotegidos, los franciscanos pueden mostrar también que el mundo de los medios de comunicación y el grueso de la opinión pública dirigida es el fruto del dinero, pues ésa es la utopía de los poderosos que, para realizarla, tienen la posibilidad de modificar el mapa de las naciones y dividirlas según sus intereses. Pero los débiles también están construyendo su mundo.  Y no es fácil prever si la gran utopía final va a ser construida con los ingentes recursos  materiales de los poderosos o, con la contribución lenta y con frecuencia más humana de los débiles.[1]

Editado por: Marina Fiiorino Sierra




[1] Corrêa Pedroso J., “Los ojos del espíritu”. Itinerario de Formación a la Contemplación en la Escuela de Francisco y Clara de Asís. Ed. Paulinas

martes, 28 de abril de 2015

LA SALUD COMO TAREA ESPIRITUAL

Actitudes para encontrar un nuevo gusto por la vida
Anselm Grün y Meinard Dufner        
            Cualquier espiritualidad que pretenda inspirarse en el espíritu de Jesús tiene que contemplar la curación espiritual y material de la persona. Con esto no se alude sin embargo a ningún concepto o receta médica para la salud exterior. La autenticidad de nuestra espiritualidad no se manifiesta ni demuestra en la calidad de la salud corporal. No podemos someternos al efecto de los resultados espirituales como si toda enfermedad fuera un argumento de carencia de vida interior. Sabemos que la vida espiritual vigorosa puede beneficiar a la salud corporal y anímica y conservarnos en buena forma. Pero Dios puede también permitir una enfermedad para obligarnos a tomar conciencia de nuestras limitaciones y como oportunidad de buscarle más intensamente a Él y no sólo a nuestra salud. 
Anselm Grün,OSB nacido en el 14 de enero de 1945 en Baja Franconia, es un monje y sacerdote alemán, doctor en teología, famoso por unir la espiritualidad tradicional cristiana con la psicología moderna.

La enfermedad es una cualidad de la naturaleza humana creada. Sería fatal pensar que una vida espiritual sana  podría – debería – librarnos de todo riesgo de enfermedad. Eso sería manifiesta soberbia. La humildad nos lleva a reconocer nuestra condición de seres creados con limitaciones humanas y que esas limitaciones pertenecen a nuestra naturaleza, nos hacen conscientes de que podemos caer una y otra vez enfermos para encontrarnos en la enfermedad con las propias sombras, con lo negativo, con nuestra realidad.  Pero, comprenderemos también que toda enfermedad puede convertirse en el lugar de encuentro con Dios luminoso y profundo.

Si durante el tiempo de la enfermedad sabemos escuchar la voz de Dios y nos entregamos a Él, hemos encontrado la salvación en la enfermedad y ésta se convierte en fuente de bendiciones divinas para el enfermo y para los que le rodean. Es posible estar enfermo y sentir paz interior, alegría serena y afectos de agradecimiento a Dios que desea tocarnos con su mano amorosa en el lugar de la herida.
Dufner ingresó en 1966 a la abadía benedictina Muensterschwarzach. Estudió filosofía y teología .Fue director de la escuela de teatro en Egbert-Gymnasium Muensterschwarzach, donde hasta 1980 se desempeñó como profesor de arte.  De 1978 a 1982 fue rector de  seminario San Benito.

La salud personal es tarea espiritual de cada uno. Para gozar de buena salud  no es suficiente someterse a tratamiento con dosis de medicamentos. Es necesario además vivir conforme a las exigencias del Espíritu. La vida espiritual interpela al hombre en su totalidad sin excluir nada, ni separar nada, ni pasar por alto nada. Sólo así puede levantarse y curarse todo.  Pero también la enfermedad es en sí misma una tarea espiritual, porque es una llamada de Dios a reconocer el misterio de la vida que no consiste en encontrarse simplemente <en forma> sino en adquirir también conciencia plena de ser producto de la creación de Dios y objeto de su amor, de que estamos en camino hacia Él para encontrarle en la muerte, sin velos de misterio, y caer definitivamente en sus brazos misericordiosos. 

Sanos  o enfermos vivimos constantemente en la presencia del Señor.  Nuestro valor  como personas consiste en que Dios nos contempla  y dirige su palabra, más aún, que pronuncia una Palabra para que resuene en el mundo por nosotros y en nosotros, una Palabra única que desea hacerse oír por otros como melodía cantada en nuestra vida. Nuestro valor humano reside en la habitación de Dios dentro de nosotros. Ese Dios que habita ya en nosotros nos espera en la morada que Jesús nos tiene preparada junto al Padre. Sanos o enfermos caminamos hacia Dios que puede herir o sanar, provocar con salud o enfermedad a experimentarle en cada situación existencial como la única salud y salvación.
Editado por: Marina Fiorino Sierra


Fuente bibliográfica: NE narcea, S.A. de ediciones.  AGAPE Libros.  Bs. As 2006



martes, 7 de abril de 2015

"Cristiano es mi nombre, católico mi apellido, artista mi vocación"

Muchos han sido los  cristianos fervorosos que plasmaron su fe en el arte;representando las distintas etapas de la vida de Cristo, algunos pasajes  del Antiguo Testamento, así como representaciones de santos .
Compartimos con nuestros hermanos, una pintura realizada por Cristina Ibañez, sobre un maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial: el  Padre Pío.


Recordaremos que, Heredero espiritual de San Francisco de Asís, el  Padre Pío de Pietrelcina ha sido el primer sacerdote en llevar impreso sobre su cuerpo las señales de la crucifixión. Él ya fue conocido en el mundo como el "Fraile" estigmatizado.
El Padre Pío, al que  Dios donó particulares carismas, se empeñó con todas sus fuerzas por la salvación de las almas. Los muchos testimonios sobre su gran santidad  de Fraile, llegan hasta  nuestros días, acompañados por sentimientos de gratitud.
Sus intercesiones providenciales cerca de Dios fueron para muchos hombres causa de sanación en el cuerpo y motivo de renacimiento en el Espíritu.[1]

Por años, de cada parte del mundo, los fieles  fueron a este sacerdote estigmatizado, para conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones: un vertical hacia Dios, con la fundación de los "Grupos de ruego", hoy llamados “grupos de oración” y la otra horizontal hacia los hermanos, con la construcción de un moderno hospital: "Casa Alivio del Sufrimiento."  

El Padre Pío no había estudiado lenguas extranjeras, pero las entendía. No había estudiado francés, pero lo escribía. A la pregunta de su Director, el Padre Agustín, sobre quién le había enseñado francés, el padre respondió: Si la misión del Ángel Custodio es grande, la del mío es más grande aún, porque debe hacer de maestro explicándome otras lenguas.[2]

En  septiembre  los 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50° aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración. Nadie habría imaginado que  a las 2.30 de la madrugada  del 23 de septiembre de 1968, sería  el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina.

“El corazón de nuestro divino Maestro no conoce más que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Pongamos nuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estemos seguros de que la tierra y el cielo fallaran antes que la protección de vuestro Salvador”.  Padre Pío


                                                                              Editado por Lic.Susana Moreno
                                                                                             Catequista

martes, 31 de marzo de 2015

FRANCISCO Y LA PASION DE CRISTO


Es principalmente en la Pasión redentora de Cristo donde Francisco admira más  esa humildad llena de amor por la que se entrega a nosotros hasta la muerte. 
Nada le impresionaba tanto como la revelación de Cristo crucificado. Esta revelación constituye un hito importantísimo en su vida. “Desde aquella hora desfalleció su alma al oír hablar del Amado. Poco más tarde, el amor del corazón se puso de manifiesto en las llagas del cuerpo. Por eso, no puede contener en adelante el llanto; gime lastimeramente la pasión de Cristo, que casi siempre la tiene ante los ojos” (2C 11). “Desde aquel instante, la memoria de la Pasión del Señor se le imprimió con caracteres profundos en el alma” (3C 2), tanto que como dice San Buenaventura, “siempre que le venía a la mente el recuerdo de Cristo crucificado, a duras penas podía contener exteriormente las lágrimas y los gemidos” (LM 1m5). En el cuerpo y alma se sumergía Francisco en este misterio y se concentraba en él con toda la fuerza de su ser: “Todos los afanes del hombre de Dios, tanto en público como en privado. Se centraban en la cruz del Señor” (2C 2). “Estaba siempre contemplando el rostro de Cristo, siempre acariciando al varón de los dolores y conocedor de todo quebranto” (2C 85). La cruz, con su dura y penosa realidad, ocupaba el lugar más íntimo de su vida 1.

Pero Francisco de ninguna manera se limitaba a una contemplación sentimental de la Pasión de Cristo. Tenía demasiada conciencia de la necesidad de la salvación y del valor vivificador del sacrificio de Cristo. Los biógrafos sólo nos relatan lo que se podía constatar externamente, pero donde se manifiesta toda la profundidad del alma del santo es en su oración: “Bendito sea el Señor  Dios de Israel (Lc 1,66), que redimió las almas de sus siervos con su propia sangre santísima, y no abandonará a nadie que espere en ÉL (Sal 33,23) (OfP 6).”Aplaudan todas las gentes, aclamen a Dios con voz de júbilo (Sal 46, 2)… Porque el santísimo Padre de los cielos, nuestro Rey, antes de los siglos, envió de lo alto a su amado Hijo y realizó la salvación en medio de la tierra (Sal 95,11 -12)…Tiemble la tierra entera en su presencia; digan entre las gentes que el Señor reinó desde el madero” (Sal 95, 9-10)  (OfP 7).

Aunque Francisco llora la Pasión de Cristo, porque ama al Señor crucificado, al mismo tiempo canta con júbilo agradecido y desbordante porque en la Pasión se nos ha dado la redención. Desde lo más profundo de su corazón se eleva un himno de acción de gracias al Padre, santo y justo, porque “quisiste que nosotros fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte” (IR 23,3).
Editado por: Marina Fiorino Sierra

1Cf. 2C 109. Por esto la vida de Gregorio XI califica acertadamente a Francisco como “Crucifixi ministrum”, ministro o servidor del Crucificado (Testimonia minora saeculi XIII de S. Francisco Assisiensi, Ed.Leonardo Lemmens , Quarachi, 1036, p.13)
Cayetano Esser, ofm  ,Engelberto Grau, ofm. Respuesta al Amor. El  camino franciscano hacia Dios. CEFEPAL 1081.


           


  

martes, 10 de marzo de 2015

La Eucaristía Como Reactualización De La Obra Salvífica

            Muchos cristianos se acercan todavía hoy a la comunión como si se tratara de un encuentro puramente individual del alma con Cristo. En la concepción práctica y en el sentimiento, la Eucaristía aparece fuertemente desvinculada todavía de su relación elemental con la acción salvadora de Dios que se nos comunica en ella y por ella. En teoría, pero no en la práctica de muchos cristianos, la Eucaristía es la verdadera memoria de la muerte salvadora de Cristo. Para Francisco, “recibir el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo”, significa claramente celebrar la memoria de la Pasión… … …


            Ella es el sacrificio expiatorio perenne, que reconcilia a la humanidad pecadora con Dios. En ella, Dios se une nuevamente al hombre, renovando con él su alianza de amor… … …

            Por este misterio, lo que realiza en nosotros y por nosotros el Padre, Dios,  en su amor sin límites, nos aparta del camino de los pecados, por el que nos alejábamos cada vez más de Él. Por el sacramento del cuerpo y la sangre del Señor somos “trasladados de la muerte a la vida” (Cta Cle 3), porque en la reactualización de la Pasión de Cristo,  nos reencaminamos de nuevo hacia Dios. ¡Ojalá todos los cristianos entendieran cada vez mejor la saludable y santificadora  gracia de Dios que encierra este misterio! ¡Con qué reconocimiento se dejarían ganar y sanar por ella en medio de sus debilidades y miserias!

            De esta salvación  de Dios, que se actualiza en la Eucaristía, Francisco habla más extensamente en la primera parte de su  Carta a todos los fieles: “Y poco antes de la Pasión, celebró la Pascua con sus discípulos; y, tomando el pan, dio gracias, pronunció la bendición, y lo partió, diciendo: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo’. Y tomando el cáliz dijo: ‘Esta es mi sangre del Nuevo Testamento, que está derramada por todos ustedes y por todos para el perdón de los pecados’… … …

Fray Cayetano Esser, ofm                                                                   Fray Engelberto Grau, ofm[1]

Editado por: Marina Fiorino Sierra


[1] Fragmento de “RESPUESTA AL AMOR”. EL CAMINO FRANCISCANO HACIA DIOS. CEFEPAL 1981. Colección ALVERNIA N° 1 – Chile



domingo, 15 de febrero de 2015

Reconocimiento por la gracia de la fraternidad

La fraternidad es una dádiva y un don del amor paternal de Dios, porque se hace posible por la entrega de Cristo por nosotros. Debemos pues al Señor, quien se ha sacrificado por nosotros, la posibilidad y la realidad de ser-hermanos. Francisco así lo agradece, en un desborde de alegría: “A quien tanto ha soportado por nosotros, tantos bienes nos ha traído y nos ha de traer en el futuro, toda criatura del cielo, de la tierra, del mar y de los abismos, rinda como a Dios, alabanza, gloria, honor y bendición; porque ÉL es nuestra fuerza y fortaleza, el solo bueno, el solo altísimo, el solo omnipotente, admirable, glorioso, el solo santo, laudable y bendito por los siglos infinitos” (Ibid. 61s.)

.A todas las criaturas, con las que se sabe unido como hermano, les invita  a dar gracias porque se nos ha dado tener “un tal hermano” (Ibid.56) y ser en ÉL hermanos, Quien, como Francisco, experimente el dinamismo transformador del sacrificio de Cristo, cuyo fruto es la negación de sí mismo, y por lo mismo fundamento de toda comunidad, penetrará cada vez más por la celebración de ese sacrificio en lo más íntimo del misterio de la vida en fraternidad. Y no podrá menos de abundar también cada vez más en la acción de gracias al Padre, que por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo, nos ha dado la posibilidad de llamarnos, y ser real y verdaderamente hermanos.



            Es necesario dejarse penetrar cada vez más profundamente por este gran misterio de la fraternidad; ante todo, estando abierto a la gracia renovada de la Eucaristía que diariamente convoca a la comunidad, y por la que nunca acabaremos de dar gracias al Padre. Pero, luego hay que tener en cuenta que la gracia de “ser hermanos” debe ser continuamente reactualizada también en las circunstancias concretas de la vida de cada día, como Francisco lo recuerda a sus hermanos: “en señal del recuerdo de mi bendición y testamento, ámense siempre unos a otros”(Test 3), o como se dice en la Regla: “Y ámense mutuamente, como pide el Señor.’ Este es mi testamento, que se amen los unos a otros como yo los he amado’. Y muestren con obras el amor que se tienen mutuamente, como dice el Apóstol: ’No amemos de palabra y de boca, sino de obra y de verdad” (1R 11,5-6).[1]


[1] Fray Cayetano Esser, ofm . Engelberto Grau, ofm. Respuesta Al Amor. El camino franciscano hacia Dios, CEFEPAL 1981. Colección Alvernia


Editado por: Marina Fiorino Sierra

viernes, 16 de enero de 2015

Un Cristo intelectual no convierte a nadie

La importancia de la parroquia


En la Parroquia se juega el futuro de la Iglesia. Las parroquias deberían estar en estado de permanente conversión y de misión. Se puede caer en el error de transformar a la parroquia en una estación de servicios pastorales. 

La misioneriedad nos  lleva necesariamente, dada la conversión de las parroquias. Se hace prioritario repensar la parroquia. La llamada de Jesús es.... a la vida. El encuentro con Cristo no es el encuentro con una idea, es el encuentro con una persona. Entonces, deberíamos repensar la parroquia desde ese encuentro. La parroquia sería la responsable de promover ese encuentro.

La parroquia es el lugar por excelencia donde se realiza la inculturación. 

La parroquia es el centro del Documento de Aparecida. Debe ser comunidad viva. Comunidad de comunidades. La parroquia evangelizada tiene que ser evangelizadora. Es la célula viva de la Iglesia. Para hacerse comunidad de comunidades es necesario redescubrir el sentido misionero y el espíritu de comunión. La Fe en Jesucristo nos llega a través de la comunidad eclesial. Un objetivo central será el de reformular la estructura de la parroquia para ser comunidad de comunidades. El Espíritu Santo está activo. Tenemos que estar abiertos a la creatividad”. 


A los alejados hay que buscarlos
“Se necesita una pastoral familiar intensa y activa y vigorosa. Y una atención lúcida e inteligente a los jóvenes. Sin olvidarse de los ancianos. Las mujeres son las que más participan en la vida parroquial. Es necesario encontrar formas para  que los hombres participen más”.

Para renovar las parroquias antes que nada, es necesario el encuentro amoroso con Jesucristo. Una espiritualidad discipular, de quien sabe que es necesario aprender más. También,  las Homilías, para que no sean conferencias, sino más bien la actualización de las lecturas que se proclaman. Si hay un adjetivo que deben tener todas las parroquias es el ser misioneras.

“El Papa Francisco  insiste que deben ser comunidades incluyentes y fraternas. Hay que dejar atrás clericalismos y centralismos. Los alejados son un reto permanente: ¿por qué se han ido?”.



Una creatividad con nuevas ideas
En las parroquias debería al menos tenerse una vez a la semana la Lectio Divina. Inteligencia pastoral implica que se hace necesaria una creatividad que busque nuevas ideas.

La solidaridad debe ser la característica de toda parroquia y de toda comunidad. 
La parroquia debe tener la prioridad de la Misericordia. La parroquia no puede encerrarse en sĺ misma. Debe también, evangelizar el mundo de la política y el mundo de la economía. 

“Los Ejercicios Espirituales son necesarios y debemos facilitar mucho los retiros espirituales. Un Cristo intelectual no convierte a nadie. El demonio sabe más teología que todos nosotros. Es necesario tener el valor de romper un encerramiento. Es necesario compartir nuestra vivencia espiritual”. 

“De modo que el trabajo del párroco sea: el de armonizar. Ser director de orquesta. Organizar para vivir en sinfonía y no en cacofonía”.



Referencia bibliográfica:
Alfa Romeo.
diosexiste Resumen 15 Jan 2015 04:35:27 +0100 Número 2945