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lunes, 16 de noviembre de 2015

La urgencia de una ecología integral



Una de las afirmaciones básicas del nuevo paradigma es el reconocimiento de la relación de todos con todos, para constituir la gran red terrenal y cósmica de la realidad.


Coherentemente la Carta de la Tierra, uno de los documentos clave en esta visión de las cosas, afirma: «Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos forjar soluciones incluyentes» (Preámbulo, 3).

El Papa Francisco en su encíclica sobre el cuidado de la Casa Común se asocia a esta interpretación y sostiene que "por el hecho de que todo está estrechamente relacionado y que los problemas actuales requieren de una mirada que tenga en cuenta todos los aspectos de la crisis mundial" (nº 137), se impone una reflexión sobre la ecología integral, porque sólo ella da cuenta de la situación actual de los problemas del mundo.

Esta interpretación integral y holística ha recibido un refuerzo inestimable dada la autoridad con la que se reviste la figura del Papa y la naturaleza de su encíclica, dirigida a toda la humanidad y a cada uno de sus habitantes.

Ya no es sólo el desarrollo de la relación con la naturaleza, sino de los seres humanos con la Tierra como un todo y con los bienes y servicios naturales, los únicos que pueden mantener las condiciones físicas, químicas y biológicas de la vida y asegurar un futuro para nuestra civilización.


El tiempo urge y corre en contra de nosotros. Por lo tanto, todos los saberes deben ser ecologizados, es decir, puestos en relación unos con otros y orientados hacia el bien de la comunidad de vida. Igualmente todas las tradiciones espirituales y religiosas están llamadas a despertar la conciencia de la humanidad a su misión de ser la cuidadora de esta herencia sagrada recibida del universo y del Creador que es la Tierra viva, el único hogar que tenemos para vivir.

Junto con la inteligencia intelectual debe venir la inteligencia sensible y cordial y sobre todo la inteligencia espiritual, porque es la que nos relaciona directamente con el Creador y con el Cristo resucitado que están fermentando dentro de la creación, llevándola con nosotros hacia su plenitud en Dios (nºs 100, 243).

El Papa cita el conmovedor final de la Carta de la Tierra que resume bien la esperanza que deposita en Dios y en el empeño de los seres humanos: «Que nuestro tiempo se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por la intensificación de la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida» (nº 207).

Otra notable contribución proviene del conocido psicoanalista Karl Gustav Jung (1875-1961) que en su psicología analítica concede gran importancia a la sensibilidad y sometió a duras críticas el cientificismo moderno. Para él, la psicología no tiene fronteras entre cosmos y vida, entre la biología y el espíritu, entre el cuerpo y la mente, entre lo consciente y lo inconsciente, entre individual y colectivo. La psicología tiene que ver con la vida en su totalidad, en su dimensión racional e irracional, simbólica y virtual, individual y social, terrenal y cósmica y con sus aspectos sombríos y luminosos.

Supo articular todos los saberes disponibles, descubriendo conexiones ocultas que revelaban dimensiones sorprendentes de la realidad. Es conocido el diálogo que Jung mantuvo 1924-1925 con un indígena de la tribu Pueblo en Nuevo México (EEUU). Este indígena creía que los blancos estaban locos. Jung le preguntó por qué los blancos estarían locos. Y el indígena respondió: "Dicen que piensan con la cabeza". "Pero, por supuesto que piensan con la cabeza", respondió Jung. "¿Cómo piensan ustedes"? Y el indígena, sorprendido, respondió: "Nosotros pensamos aquí", y señaló el corazón (Recuerdos, sueños, pensamientos, página 233).



Este hecho transformó el pensamiento de Jung. Entendió que el hombre moderno había conquistado el mundo con la cabeza, pero había perdido la capacidad de pensar y de sentir con el corazón y de vivir a través del alma. Esta misma crítica la hizo el Papa cuando estuvo en la isla italiana de Lampedusa, donde cientos de refugiados se habían ahogado. "Desaprendimos a sentir y a llorar".

Por supuesto que no se trata de abdicar de la razón –lo cual sería una pérdida para todos– sino de rechazar la limitación de su capacidad de comprender. Hay que tener en cuenta lo sensible y lo cordial como elementos centrales del acto de conocimiento. Permiten captar valores y sentidos presentes en la profundidad del sentido común. La mente siempre está incorporada, por lo tanto está siempre impregnada de sensibilidad y no sólo cerebralizada.

En sus Memorias, dice, "hay tantas cosas que me llenan: las plantas, los animales, las nubes, el día, la noche y el eterno presente en los hombres. Cuanto más inseguro de mí mismo me siento, más crece en mí el sentimiento de mi parentesco con el todo" (p. 361).

El drama del ser humano actual es haber perdido la capacidad de vivir un sentimiento de pertenencia, algo que las religiones siempre garantizaron. Lo que se opone a la religión no es el ateísmo o la negación de la divinidad. Lo que se opone es la incapacidad de ligarse y religarse con todas las cosas. Hoy las personas están desarraigadas, desconectadas de la Tierra y del ánima que es la expresión de la sensibilidad y de la espiritualidad.

Si no rescatamos hoy la razón sensible que es una dimensión esencial del alma, difícilmente nos encaminaremos a respetar el valor intrínseco de cada ser, a amar la Madre Tierra con todos sus ecosistemas y a vivir la compasión con los sufridores de la naturaleza y de la humanidad.   


Sitio de  Referencia:
Página de Boff en Koinonía
http://www.servicioskoinonia.org/boff/
2015-11-13





jueves, 12 de noviembre de 2015

Denuncia profética: “cultura del descarte”

Todo anuncio del Evangelio implica la misión profética de la denuncia y  del testimonio contractual que el Papa Francisco enuncia como “cultura del descarte” o la que franciscanamente podríamos llamar la “injusticia ambiental”. Entendida ésta como el vínculo intrínseco entre pobreza, justicia  social y cuidado del ambiente.

http://www.fundacionoasis.org/legal.html

El respeto por la naturaleza y la paz van juntos, pero se les opone el ídolo del dinero que propicia una cultura del descarte, violenta los ecosistemas de la tierra, provoca conflictos humanos y conduce finalmente a la guerra. La presencia  del Papa Francisco en la isla de Lampedusa, en las periferias del mundo europeo desarrollado y en el encuentro con los excluidos “descartables”, hace un llamado a la conciencia de los cristianos y del mundo “desarrollado” a superar la cultura y de la indiferencia: “Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, a la globalización  de la indiferencia. En este mundo de la globalización  hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!... La globalización de la indiferencia nos hace “innominados”, responsables anónimos y sin rostro.

http://realidadqueconsume.blogspot.com.ar/2012/09/globalizacionrealidad-que-se-vive.html
“Adán, ¿dónde estás?, ¿Dónde está tu hermano?”, son las preguntas que Dios hace al principio de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros. Pero me gustaría que nos hiciésemos una tercera pregunta: “¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste?”. ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas?¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos?¿ Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia la llorar, de “sufrir con”:¡ la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! En  el Evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: “Es Raquel que llora por sus hijos…porque ya no viven”. Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste”.[1]

Papa Francisco volverá a denunciar en otros mensajes  la mentalidad propia de la sociedad de consumo y del uso indiscriminado de los bienes. “Esta <<cultura del descarte >> tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todas. La vida humana, la persona , ya no es percibida como valor primario que hay que respetar y tutelar, especialmente si es pobre o discapacitada, si no sirve todavía – como el manuscrito – o si ya no sirve – como el anciano - . Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de los alimentos, cosa aún más deplorable cuando el cualquier lugar del mundo, lamentablemente, muchas personas y familias sufren hambre y malnutrición. En otros tiempos nuestros abuelos cuidaban mucho que no se tirara nada de comida sobrante. El consumismo nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos. ¡Pero recordemos bien que el alimento que se deshecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre! Invito a todos a reflexionar sobre la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática, sean vínculos de solidaridad y de compartición con los más necesitados”[2]

El cambio de estilo de vida y de modelo de desarrollo en el ministerio de Francisco adquiere urgencia la “conversión ecológica” y exige un compromiso personal que lleva a revisar la actitud ante el dinero. La postura del Papa Francisco tiene mucha consonancia con la denuncia al poder  del uso del dinero en el tiempo de san Francisco – Capítulo IV -  pide a sus hermanos que, para ingresar a la fraternidad, es necesario el  despojo de toda posesión y “manda que de ningún modo reciban dinero”.

Lamento, la Tierra
http://www.revistavidanueva.mx/content/la-tierra-saqueada-se-lamenta
El Papa Francisco en una de sus habituales homilías en Santa Marta, denuncia esta tentación de los católicos: “El dinero también enferma el pensamiento, también enferma la fe y la hace andar por otro camino. Y va más allá… De ahí nacen las envidias, las peleas, las maledicencias, las malas sospechas, los conflictos de hombre s de mente corrompida y privados de la verdad, que consideran la religión como una fuente de beneficios. ´ Yo soy católico, yo voy a Misa, porque eso me da cierto status. Me miran bien… pero por debajo hago mis negocios. Doy culto al dinero ´.  Y aquí hay una palabra que la encontramos tantas veces en los periódicos: ´Hombres de mente corrompida´. ¡El dinero corrompe! No hay escapatoria”.

“No podemos servir a Dios y al dinero. No se puede:¡O lo uno o  lo otro! Esto no es comunismo. ¡Esto es Evangelio puro! ¡Estas son las palabras de Jesús!¿Qué sucede con el dinero? El dinero te ofrece un cierto bienestar al principio. Está bien, después te sientes un poco importante y llega la vanidad que no vale, pero tú te sientes una persona importante: esa es la vanidad. Y de la vanidad a la soberbia, al orgullo. Son tres escalones: la riqueza, la vanidad y el orgullo.[3]

Conclusión:
La vocación de ser custodios, es decir a cuidar y custodiar el don gratuito de la vida y todo lo creado, es el desafío de una nueva evangelización. Asumir la cuestión social y ecológica  en la emergencia de la actual crisis ambiental es recuperar la actitud de estupor, de contemplación, de escucha de la creación y de la “escucha al clamor por la justicia”.[4]

Concluimos con este extracto de la audiencia papal: “Pero <<cultivar y custodiar>> no comprende sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación; se refiere también a las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente ligada a la ecología medioambiental. Nosotros estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona humana está en peligro: esto es lo cierto, la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado varias veces; y muchos dicen: sí, es justo, es verdad… Pero el sistema sigue como antes, pues lo que domina son las dinámicas de una economía y de unas finanzas carentes de ética. Lo que manda hoy nos es el hombre: es el dinero, el dinero, la moneda manda. Y la tarea de custodiar la tierra, Dios nuestro Padre la ha dado no al dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres, ¡nosotros tenemos ese deber! En cambio hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos del beneficio y del consumo: es la <<cultura del descarte>>.[5]

“Alabamos a Dios por la belleza del cosmos y de la tierra, “jardín” maravilloso que confió al hombre para que lo cultivara y conservara. Conviene que los hombres recuerden que se encuentran en un “huerto” del inmenso universo, creado por Dios para ellos”.[6]


Fray Luis Scozzina ofm
Lic. en Espiritualidad Franciscana.
Director del Centro Franciscano de 
Estudios y Desarrollo Regional,
Campus UCA Rosario


CUIDADO DE LA CREACIÓN Y COMPROMISO SOCIAL
Una mirada franciscana desde la justicia ambiental
Fragmento del Capítulo VOCACIÓN HUMANA A SER CUSTODIOS

                            

[1] Papa Francisco. Mensaje en Lampedusa. 8 de julio 2013.
[2] Papa Francisco. Cf. Mensaje a la FAO, junio 2013.
[3] Papa Francisco. Extracto de una Homilía en Santa Marta, fuente Radio Vaticana.
[4] Cf. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 188-192
[5] Audiencia general, 05/06/2013
[6] Juan Pablo II, Fragmento del Discurso pronunciado ante los líderes religiosos, Asís, 24 de enero de 2002

miércoles, 21 de octubre de 2015

Caminar es dialogar

www.franciscanos.org
Un don fundamental del ser humano es la capacidad de dialogar. Pero, en general, sabemos muy poco de esa ventaja que nos abre al infinito y la usamos deficientemente. Vamos a ver si aprendemos algo más para ser más humanos, para realizarnos en plenitud

Muchos piensan que el diálogo es una “conversación entre dos”, por oposición al monólogo, que se da cuando habla una sola persona.  No, no se trata solo de una conversación entre dos o más personas. Diálogo nada tiene que ver con dos. Se trata de avanzar comparando opuestos. El sentido reside más en el debate y en el avance, que en los interlocutores.

Etimológicamente la palabra diálogo viene del griego: tanto del lego, “que quiere decir juntar (de donde provienen  muchas palabras, desde leer, lógica y todo lo que termina en – logia y legio), como también la partícula diá, que tiene el sentido de atravesar, caminar, como la palabra diagonal, por ejemplo.  La dialéctica es el arte de dialogar y nadie lo confunde con una conversación entre dos personas.


Hemos sido creados para dialogar. Cuando Dios llamó a la vida, comenzó a dialogar con nosotros, con cada uno de nosotros. Por eso ya vinimos con una energía inmensa, que nos impele a la búsqueda infinita. Y venimos llenos de interrogantes, que se manifiestan a medida que vamos creciendo, si realmente crecemos.

Precisamente por eso, uno de nuestros esfuerzos tiene que ser romper con todos los bloqueos que impidan el desarrollo de nuestra fuerza propulsora. Nos enseñaron determinadas normas para saber cómo  detenernos y comportarnos; ahora tenemos que aprender normas para crecer y desarrollarnos.

Dialogar es caminar atravesando una región en la que vamos amontonando cosas a la vera del camino y en la que vamos siendo empujados por el juego de los opuestos, que nos lanzan de un lado al otro.

Podemos recordar las alusiones al diálogo entre los primeros compañeros de San Francisco, como recuerdan las biografías.  San Francisco ordenó, en la Regla para los Eremitorios, tener un diálogo espiritual todos los días. El diálogo parece ser el único método general en la escuela franciscana de oración.

Mientras “otras grandes escuelas” de espiritualidad presentan sus “métodos”, la escuela franciscana no tiene un método propiamente dicho. No podemos decir que sea un método rezar como rezó San Francisco. El método es un sistema para lograr determinada finalidad.   Si preguntamos ¿cómo hicieron entonces los hijos de San Francisco para crecer en el decurso de los siglos? En mi opinión, la mejor respuesta sería: a través del diálogo fraterno.

Al parecer, el diálogo franciscano fue siempre espontáneo e ingenuo, sin propósito alguno de alcanzar una meta. Pero fue continuo y eficiente. Los hermanos se reunían  no solo para alabar a Dios, sino también para andar por el mundo y para trabajar. Fueron grandes conversadores y confiaron mucho los unos en los otros. San Francisco dio el ejemplo, contando con frecuencia sus sueños, que entendía como “revelación del Espíritu Santo”, o participando de sus inspiraciones y presentimientos que consideraba como dones especiales: “El Señor me dio…”, “El Señor me condujo…”

Fray José Carlos Correa Pedroso
“Los ojos del espíritu”, Ed. Paulinas


Editado por: Marina Fiorino Sierra


jueves, 6 de agosto de 2015

DE LA CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI´

Santo Padre FRANCISCO


III. Ecología de la vida cotidiana
147. Para que pueda hablarse de un auténtico desarrollo, habrá que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas. Los escenarios que nos rodean influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y de actuar. A la vez, en nuestra habitación, en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo y en nuestro barrio, usamos el ambiente para expresar nuestra identidad. Nos esforzamos para adaptarnos al medio y, cuando un ambiente es desordenado, caótico o cargado de contaminación visual y acústica, el exceso de estímulos nos desafía a intentar configurar una identidad integrada y feliz.
148. Es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente, modificando los efectos adversos de los condicionamientos y aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad. Por ejemplo, en algunos lugares, donde las fachadas de los edificios están muy deterioradas, hay personas que cuidan con mucha dignidad el interior de sus viviendas, o se sienten cómodas por la cordialidad y la amistad de la gente. La vida social positiva y benéfica de los habitantes derrama luz sobre un ambiente aparentemente desfavorable. A veces es encomiable la ecología humana que pueden desarrollar los pobres en medio de tantas limitaciones. La sensación de asfixia producida por la aglomeración en residencias y espacios con alta densidad poblacional se contrarresta si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cálidas, si se crean comunidades, si los límites del ambiente se compensan en el interior de cada persona, que se siente contenida por una red de comunión y de pertenencia. De ese modo, cualquier lugar deja de ser un infierno y se convierte en el contexto de una vida digna.
149. También es cierto que la carencia extrema que se vive en algunos ambientes que no poseen armonía, amplitud y posibilidades de integración facilita la aparición de comportamientos inhumanos y la manipulación de las personas por parte de organizaciones criminales. Para los habitantes de barrios muy precarios, el paso cotidiano del hacinamiento al anonimato social que se vive en las grandes ciudades puede provocar una sensación de desarraigo que favorece las conductas antisociales y la violencia. Sin embargo, quiero insistir en que el amor puede más. Muchas personas en estas condiciones son capaces de tejer lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo. Esta experiencia de salvación comunitaria es lo que suele provocar reacciones creativas para mejorar un edificio o un barrio[117].


150. Dada la interrelación entre el espacio y la conducta humana, quienes diseñan edificios, barrios, espacios públicos y ciudades necesitan del aporte de diversas disciplinas que permitan entender los procesos, el simbolismo y los comportamientos de las personas. No basta la búsqueda de la belleza en el diseño, porque más valioso todavía es el servicio a otra belleza: la calidad de vida de las personas, su adaptación al ambiente, el encuentro y la ayuda mutua. También por eso es tan importante que las perspectivas de los pobladores siempre completen el análisis del planeamiento urbano.
151. Hace falta cuidar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, nuestro sentimiento de «estar en casa» dentro de la ciudad que nos contiene y nos une. Es importante que las diferentes partes de una ciudad estén bien integradas y que los habitantes puedan tener una visión de conjunto, en lugar de encerrarse en un barrio privándose de vivir la ciudad entera como un espacio propio compartido con los demás. Toda intervención en el paisaje urbano o rural debería considerar cómo los distintos elementos del lugar conforman un todo que es percibido por los habitantes como un cuadro coherente con su riqueza de significados. Así los otros dejan de ser extraños, y se los puede sentir como parte de un « nosotros » que construimos juntos. Por esta misma razón, tanto en el ambiente urbano como en el rural, conviene preservar algunos lugares donde se eviten intervenciones humanas que los modifiquen constantemente.
152. La falta de viviendas es grave en muchas partes del mundo, tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades, porque los presupuestos estatales sólo suelen cubrir una pequeña parte de la demanda. No sólo los pobres, sino una gran parte de la sociedad sufre serias dificultades para acceder a una vivienda propia. La posesión de una vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas y con el desarrollo de las familias. Es una cuestión central de la ecología humana. Si en un lugar ya se han desarrollado conglomerados caóticos de casas precarias, se trata sobre todo de urbanizar esos barrios, no de erradicar y expulsar. Cuando los pobres viven en suburbios contaminados o en conglomerados peligrosos, «en el caso que se deba proceder a su traslado, y para no añadir más sufrimiento al que ya padecen, es necesario proporcionar una información adecuada y previa, ofrecer alternativas de alojamientos dignos e implicar directamente a los interesados»[118]. Al mismo tiempo, la creatividad debería llevar a integrar los barrios precarios en una ciudad acogedora: «¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro![119]».
153. La calidad de vida en las ciudades tiene mucho que ver con el transporte, que suele ser causa de grandes sufrimientos para los habitantes. En las ciudades circulan muchos automóviles utilizados por una o dos personas, con lo cual el tránsito se hace complicado, el nivel de contaminación es alto, se consumen cantidades enormes de energía no renovable y se vuelve necesaria la construcción de más autopistas y lugares de estacionamiento que perjudican la trama urbana. Muchos especialistas coinciden en la necesidad de priorizar el transporte público. Pero algunas medidas necesarias difícilmente serán pacíficamente aceptadas por la sociedad sin una mejora sustancial de ese transporte, que en muchas ciudades significa un trato indigno a las personas debido a la aglomeración, a la incomodidad o a la baja frecuencia de los servicios y a la inseguridad.
154. El reconocimiento de la dignidad peculiar del ser humano muchas veces contrasta con la vida caótica que deben llevar las personas en nuestras ciudades. Pero esto no debería hacer perder de vista el estado de abandono y olvido que sufren también algunos habitantes de zonas rurales, donde no llegan los servicios esenciales, y hay trabajadores reducidos a situaciones de esclavitud, sin derechos ni expectativas de una vida más digna.
155. La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo»[120]. En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»[121].




miércoles, 22 de julio de 2015

San Francisco Solano


(1549-1610)

Nació en Montilla (Córdoba) y murió en Lima. De hidalga familia, tomó el hábito de San Francisco en su ciudad natal a los veinte años. Pasó al convento de Santa María de Loreto, junto a Sevilla, donde estudió filosofía y teología. Se ordenó de sacerdote y fue maestro de novicios en Arruzafa y San Francisco del Monte y luego se dedicó ardientemente a la predicación y a la caridad, sobre todo en época de epidemias, en Andalucía.

Quiso ir a Berbería, pero al saber que se pedían frailes de su Orden para el Perú, logró se le incluyese entre éstos, yendo allí en 1589, con la armada que llevó el virrey marqués de Cañete. En la travesía de Panamá al Callao naufragó, permaneciendo sobre restos flotantes de la embarcación tres días, hasta que fue salvado.

Aprendió lenguas indígenas, se dedicó a doctrinar los indios, recorriendo durante catorce años grandes territorios en Tucumán y Paraguay y siete en los del Perú, Chile, siendo amado y respetado por los indios.


Nombrado prior de los descalzos de Lima, rehuyó el cargo, marchando a Trujillo; pero elegido guardián del convento grande de Lima, tuvo que permanecer en él, hasta que, a sus insistentes ruegos, fue dispensado de desempeñarlo, aunque permaneció en la ciudad dedicado a la predicación y a la reforma de las costumbres.

Por la austeridad de su vida y ardiente caridad, túvosele en Lima, en vida, gran veneración, acrecentada con su muerte. Su cadáver fue llevado en hombros del virrey, el arzobispo y las personas más representativas de Lima y sepultado en la capilla de la cripta, debajo del altar mayor de San Francisco.

Iniciadas las informaciones canónicas y traspasadas a Roma, fue beatificado en 1675 y canonizado en 1726, año en que, con grandes fiestas, se le nombró patrono de Lima y de muchas ciudades de Sudamérica.
A semejanza de San Francisco Javier, apóstol de las Indias orientales, San Francisco Solano es llamado el apóstol de las Indias de Occidente y más exactamente, el apóstol de la América meridional.


Autor: José Tudela.(1952) San Francisco Solano.
AA. VV., Diccionario de Historia de España.
Tomo II, pp. 1198-1199.
Revista de Occidente. Madrid


Editado por Marina Fiorino Sierra

domingo, 5 de julio de 2015

Preservar la perspectiva singular del Papa: la ecología integral


              
El Papa Francisco ha realizado un enorme cambio en el discurso ecológico al pasar de la ecología ambiental a la ecología integral. Esta incluye la ecología político-social, la mental, la cultural, la educacional, la ética y la espiritualidad. Existe el peligro de que esta visión integral sea asimilada dentro del discurso ambiental habitual, no dándose cuenta de que todas las cosas, saberes e instancias están interligadas. 

Es decir, el calentamiento global tiene que ver con la furia industrialista, la pobreza de buena parte de la humanidad está relacionada con el modo de producción, distribución y consumo, la violencia contra la Tierra y los ecosistemas deriva del paradigma de dominación que está en la base de nuestra civilización dominante desde hace ya cuatro siglos, que el antropocentrismo es consecuencia de la comprensión ilusoria de que somos dueños de la cosas y que ellas solo tienen sentido en la medida en que sirven para nuestro disfrute.

                Esa cosmología (conjunto de ideas, valores, proyectos, sueños e instituciones) lleva al Papa a decir: “nunca hemos ofendido y maltratado a nuestra casa común como en los dos últimos siglos” (nº 53).

                ¿Cómo superar esa ruta peligrosa? El Papa responde; “con un cambio de rumbo” y todavía más con la disposición de “delinear grandes caminos de diálogo que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo (163). Si no hacemos nada, podremos ir al encuentro de lo peor. Pero el Papa confía en la capacidad creativa de los seres humanos que juntos podrán formular el gran ideal: “un solo mundo en un proyecto común” (164).

                Bien distinta es la visión imperante e imperial presente en la mente de quienes controlan las finanzas y los rumbos de las políticas mundiales: “un solo mundo y un solo imperio”.

                Para enfrentar los múltiples aspectos críticos de nuestra situación el papa propone la ecología integral. Y le da el fundamento correcto: “Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales” (137).
Foto: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEisbTwCsq4E3lvnY5ogKA9NRKuCOKfwMLElPAoBOCXVLR31YWTp7pe_gZcJ04rQT92btw77-tKzo7SlW2-wCunGlo-lalVb7gZTVNZn6wBaIuaOjrHmVdhPOqR2jZUTP2tJt0mEd2lvO4mn/s1600/agroecologia.jpg
                El presupuesto teórico se deriva de la nueva cosmología, de la física cuántica, de la nueva biología, en una palabra, del nuevo paradigma contemporáneo que implica la teoría de la complejidad y del caos (destructivo y generativo). En esa visión, lo repetía uno de los fundadores de la física cuántica, Werner Heisenberg; “todo tiene que ver con todo en todos los puntos y en todos los momentos; todo es relación y nada existe fuera de la relación”.

                Esta lectura la repite el Papa innumerables veces, formando el tonus firmus de sus exposiciones. Seguramente la más bella y poética de las formulaciones la encontramos en el nº 92: “Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre Tierra”.

                Esa visión existe desde hace ya casi un siglo, pero nunca consiguió imponerse en la política y en la orientación de los problemas sociales y humanos. Todos seguimos siendo rehenes del viejo paradigma que aísla los problemas y busca una solución específica para cada uno sin darse cuenta de que esa solución puede ser dañina para otro de los problemas. Por ejemplo, el problema de la infertilidad de los suelos se resuelve con nutrientes químicos que, a su vez, penetran en la tierra y alcanzan el nivel freático de las aguas de los acuíferos envenenándolos.

                La encíclica podrá servirnos de instrumento educativo para apropiarnos de esta visión inclusiva e integral. Por ejemplo, como afirma la encíclica: “Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella” (139).

                Y continúa dándonos ejemplos convincentes: “Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente” [115].

                Si todo es relación, entonces la propia salud humana depende de la salud de la Tierra y de los ecosistemas. Todas las instancias se entrelazan para bien o para mal. Esa es la textura de la realidad, no opaca y rasa sino compleja y altamente relacionada con todo.

                Si pensásemos nuestros problemas nacionales en ese juego de inter-retro-relaciones no tendríamos tantas contradicciones entre los ministerios y las acciones gubernamentales. El papa nos sugiere caminos, que son certeros y nos pueden sacar de la ansiedad en la que nos encontramos frente a nuestro futuro común.

                Teilhard de Chardin tenía razón cuando en los años 30 del siglo pasado escribía: “la era de la naciones ya pasó. La tarea que tenemos por delante, si no perecemos, es construir la Tierra”, Cuidando la Tierra con tierno y fraterno afecto en el espíritu de san Francisco de Asís y de Francisco de Roma, podremos seguir “caminando y cantando”, como concluye la encíclica, llenos de esperanza. Todavía tenemos futuro y vamos a irradiar.


Fuentes:



viernes, 29 de mayo de 2015

COMO CONSTRUIR UNA UTOPÍA


Una utopía, largamente soñada y construida con la participación no sólo de numerosas personas, sino de tantas generaciones en el decurso de los siglos, no puede improvisarse. Es preciso por consiguiente, reencontrar sus bases, continuar sus líneas, rever los caminos, en fin, tener ideas muy claras con respecto a su concreción.

Una de las bases fundamentales es que el Dios de la Biblia siempre trabajó con la utopía de todo un pueblo y de toda la humanidad a través de la historia. La perspectiva tiene que ser universal, sin excluir ninguna cultura, ninguna religión, ninguna oveja del rebaño. Su pueblo tiene que extenderse por toda la olkoumene en una verdadera y amplia  visón ecuménica.

También es evidente que nuestra utopía del Evangelio tiene que ser profundamente libre (se basa en personas libres) y no puede quedar presa en ideología alguna. Las ideologías son el sueño de los algunos grupos de poderosos, no el sueño de los pobres y débiles de Jesucristo y Francisco.

En nuestra época, para tener una perspectiva de pueblo, uno de los principales y primeros puntos que hay que trabajar es de una mejor relación de justicia entre el hombre y la mujer. 
Nuestra fe profesa que Dios ha creado al hombre y a la mujer con la misma dignidad personal y con los mismos derechos, ambos a imagen suya.jpicfranciscanas.blogspot.com
Podemos decir que éste es uno de los signos de los nuevos tiempos, al que tenemos que darle todo el impulso posible, porque sus raíces interiores necesitan ser curadas. La perspectiva de nuestra utopía tiene que aprovechar todas las realidades posibles y alistarse frente a las experiencias negativas y las carencias del pueblo. Debe partir de los débiles. No trabajamos con poderes, sino con personas. Nuestra utopía siempre parte de la Cruz de Jesucristo, que asumió las nuestras….

Uno de los puntos fundamentales que los franciscanos pueden ofrecer al mundo de hoy y de siempre, es el de una comunidad  humana libre de presiones para comprar todo lo que aparece, es decir, una sociedad liberada del consumismo, que es uno de los mayores males que aqueja a nuestra sociedad contemporánea.

Giotto: Francisco renuncia a los bienes paternos
Partiendo del mundo de los desprotegidos, los franciscanos pueden mostrar también que el mundo de los medios de comunicación y el grueso de la opinión pública dirigida es el fruto del dinero, pues ésa es la utopía de los poderosos que, para realizarla, tienen la posibilidad de modificar el mapa de las naciones y dividirlas según sus intereses. Pero los débiles también están construyendo su mundo.  Y no es fácil prever si la gran utopía final va a ser construida con los ingentes recursos  materiales de los poderosos o, con la contribución lenta y con frecuencia más humana de los débiles.[1]

Editado por: Marina Fiiorino Sierra




[1] Corrêa Pedroso J., “Los ojos del espíritu”. Itinerario de Formación a la Contemplación en la Escuela de Francisco y Clara de Asís. Ed. Paulinas

martes, 28 de abril de 2015

LA SALUD COMO TAREA ESPIRITUAL

Actitudes para encontrar un nuevo gusto por la vida
Anselm Grün y Meinard Dufner        
            Cualquier espiritualidad que pretenda inspirarse en el espíritu de Jesús tiene que contemplar la curación espiritual y material de la persona. Con esto no se alude sin embargo a ningún concepto o receta médica para la salud exterior. La autenticidad de nuestra espiritualidad no se manifiesta ni demuestra en la calidad de la salud corporal. No podemos someternos al efecto de los resultados espirituales como si toda enfermedad fuera un argumento de carencia de vida interior. Sabemos que la vida espiritual vigorosa puede beneficiar a la salud corporal y anímica y conservarnos en buena forma. Pero Dios puede también permitir una enfermedad para obligarnos a tomar conciencia de nuestras limitaciones y como oportunidad de buscarle más intensamente a Él y no sólo a nuestra salud. 
Anselm Grün,OSB nacido en el 14 de enero de 1945 en Baja Franconia, es un monje y sacerdote alemán, doctor en teología, famoso por unir la espiritualidad tradicional cristiana con la psicología moderna.

La enfermedad es una cualidad de la naturaleza humana creada. Sería fatal pensar que una vida espiritual sana  podría – debería – librarnos de todo riesgo de enfermedad. Eso sería manifiesta soberbia. La humildad nos lleva a reconocer nuestra condición de seres creados con limitaciones humanas y que esas limitaciones pertenecen a nuestra naturaleza, nos hacen conscientes de que podemos caer una y otra vez enfermos para encontrarnos en la enfermedad con las propias sombras, con lo negativo, con nuestra realidad.  Pero, comprenderemos también que toda enfermedad puede convertirse en el lugar de encuentro con Dios luminoso y profundo.

Si durante el tiempo de la enfermedad sabemos escuchar la voz de Dios y nos entregamos a Él, hemos encontrado la salvación en la enfermedad y ésta se convierte en fuente de bendiciones divinas para el enfermo y para los que le rodean. Es posible estar enfermo y sentir paz interior, alegría serena y afectos de agradecimiento a Dios que desea tocarnos con su mano amorosa en el lugar de la herida.
Dufner ingresó en 1966 a la abadía benedictina Muensterschwarzach. Estudió filosofía y teología .Fue director de la escuela de teatro en Egbert-Gymnasium Muensterschwarzach, donde hasta 1980 se desempeñó como profesor de arte.  De 1978 a 1982 fue rector de  seminario San Benito.

La salud personal es tarea espiritual de cada uno. Para gozar de buena salud  no es suficiente someterse a tratamiento con dosis de medicamentos. Es necesario además vivir conforme a las exigencias del Espíritu. La vida espiritual interpela al hombre en su totalidad sin excluir nada, ni separar nada, ni pasar por alto nada. Sólo así puede levantarse y curarse todo.  Pero también la enfermedad es en sí misma una tarea espiritual, porque es una llamada de Dios a reconocer el misterio de la vida que no consiste en encontrarse simplemente <en forma> sino en adquirir también conciencia plena de ser producto de la creación de Dios y objeto de su amor, de que estamos en camino hacia Él para encontrarle en la muerte, sin velos de misterio, y caer definitivamente en sus brazos misericordiosos. 

Sanos  o enfermos vivimos constantemente en la presencia del Señor.  Nuestro valor  como personas consiste en que Dios nos contempla  y dirige su palabra, más aún, que pronuncia una Palabra para que resuene en el mundo por nosotros y en nosotros, una Palabra única que desea hacerse oír por otros como melodía cantada en nuestra vida. Nuestro valor humano reside en la habitación de Dios dentro de nosotros. Ese Dios que habita ya en nosotros nos espera en la morada que Jesús nos tiene preparada junto al Padre. Sanos o enfermos caminamos hacia Dios que puede herir o sanar, provocar con salud o enfermedad a experimentarle en cada situación existencial como la única salud y salvación.
Editado por: Marina Fiorino Sierra


Fuente bibliográfica: NE narcea, S.A. de ediciones.  AGAPE Libros.  Bs. As 2006