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jueves, 12 de noviembre de 2015

Denuncia profética: “cultura del descarte”

Todo anuncio del Evangelio implica la misión profética de la denuncia y  del testimonio contractual que el Papa Francisco enuncia como “cultura del descarte” o la que franciscanamente podríamos llamar la “injusticia ambiental”. Entendida ésta como el vínculo intrínseco entre pobreza, justicia  social y cuidado del ambiente.

http://www.fundacionoasis.org/legal.html

El respeto por la naturaleza y la paz van juntos, pero se les opone el ídolo del dinero que propicia una cultura del descarte, violenta los ecosistemas de la tierra, provoca conflictos humanos y conduce finalmente a la guerra. La presencia  del Papa Francisco en la isla de Lampedusa, en las periferias del mundo europeo desarrollado y en el encuentro con los excluidos “descartables”, hace un llamado a la conciencia de los cristianos y del mundo “desarrollado” a superar la cultura y de la indiferencia: “Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, a la globalización  de la indiferencia. En este mundo de la globalización  hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!... La globalización de la indiferencia nos hace “innominados”, responsables anónimos y sin rostro.

http://realidadqueconsume.blogspot.com.ar/2012/09/globalizacionrealidad-que-se-vive.html
“Adán, ¿dónde estás?, ¿Dónde está tu hermano?”, son las preguntas que Dios hace al principio de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros. Pero me gustaría que nos hiciésemos una tercera pregunta: “¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste?”. ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas?¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos?¿ Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia la llorar, de “sufrir con”:¡ la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! En  el Evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: “Es Raquel que llora por sus hijos…porque ya no viven”. Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste”.[1]

Papa Francisco volverá a denunciar en otros mensajes  la mentalidad propia de la sociedad de consumo y del uso indiscriminado de los bienes. “Esta <<cultura del descarte >> tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todas. La vida humana, la persona , ya no es percibida como valor primario que hay que respetar y tutelar, especialmente si es pobre o discapacitada, si no sirve todavía – como el manuscrito – o si ya no sirve – como el anciano - . Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de los alimentos, cosa aún más deplorable cuando el cualquier lugar del mundo, lamentablemente, muchas personas y familias sufren hambre y malnutrición. En otros tiempos nuestros abuelos cuidaban mucho que no se tirara nada de comida sobrante. El consumismo nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos. ¡Pero recordemos bien que el alimento que se deshecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre! Invito a todos a reflexionar sobre la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática, sean vínculos de solidaridad y de compartición con los más necesitados”[2]

El cambio de estilo de vida y de modelo de desarrollo en el ministerio de Francisco adquiere urgencia la “conversión ecológica” y exige un compromiso personal que lleva a revisar la actitud ante el dinero. La postura del Papa Francisco tiene mucha consonancia con la denuncia al poder  del uso del dinero en el tiempo de san Francisco – Capítulo IV -  pide a sus hermanos que, para ingresar a la fraternidad, es necesario el  despojo de toda posesión y “manda que de ningún modo reciban dinero”.

Lamento, la Tierra
http://www.revistavidanueva.mx/content/la-tierra-saqueada-se-lamenta
El Papa Francisco en una de sus habituales homilías en Santa Marta, denuncia esta tentación de los católicos: “El dinero también enferma el pensamiento, también enferma la fe y la hace andar por otro camino. Y va más allá… De ahí nacen las envidias, las peleas, las maledicencias, las malas sospechas, los conflictos de hombre s de mente corrompida y privados de la verdad, que consideran la religión como una fuente de beneficios. ´ Yo soy católico, yo voy a Misa, porque eso me da cierto status. Me miran bien… pero por debajo hago mis negocios. Doy culto al dinero ´.  Y aquí hay una palabra que la encontramos tantas veces en los periódicos: ´Hombres de mente corrompida´. ¡El dinero corrompe! No hay escapatoria”.

“No podemos servir a Dios y al dinero. No se puede:¡O lo uno o  lo otro! Esto no es comunismo. ¡Esto es Evangelio puro! ¡Estas son las palabras de Jesús!¿Qué sucede con el dinero? El dinero te ofrece un cierto bienestar al principio. Está bien, después te sientes un poco importante y llega la vanidad que no vale, pero tú te sientes una persona importante: esa es la vanidad. Y de la vanidad a la soberbia, al orgullo. Son tres escalones: la riqueza, la vanidad y el orgullo.[3]

Conclusión:
La vocación de ser custodios, es decir a cuidar y custodiar el don gratuito de la vida y todo lo creado, es el desafío de una nueva evangelización. Asumir la cuestión social y ecológica  en la emergencia de la actual crisis ambiental es recuperar la actitud de estupor, de contemplación, de escucha de la creación y de la “escucha al clamor por la justicia”.[4]

Concluimos con este extracto de la audiencia papal: “Pero <<cultivar y custodiar>> no comprende sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación; se refiere también a las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente ligada a la ecología medioambiental. Nosotros estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona humana está en peligro: esto es lo cierto, la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado varias veces; y muchos dicen: sí, es justo, es verdad… Pero el sistema sigue como antes, pues lo que domina son las dinámicas de una economía y de unas finanzas carentes de ética. Lo que manda hoy nos es el hombre: es el dinero, el dinero, la moneda manda. Y la tarea de custodiar la tierra, Dios nuestro Padre la ha dado no al dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres, ¡nosotros tenemos ese deber! En cambio hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos del beneficio y del consumo: es la <<cultura del descarte>>.[5]

“Alabamos a Dios por la belleza del cosmos y de la tierra, “jardín” maravilloso que confió al hombre para que lo cultivara y conservara. Conviene que los hombres recuerden que se encuentran en un “huerto” del inmenso universo, creado por Dios para ellos”.[6]


Fray Luis Scozzina ofm
Lic. en Espiritualidad Franciscana.
Director del Centro Franciscano de 
Estudios y Desarrollo Regional,
Campus UCA Rosario


CUIDADO DE LA CREACIÓN Y COMPROMISO SOCIAL
Una mirada franciscana desde la justicia ambiental
Fragmento del Capítulo VOCACIÓN HUMANA A SER CUSTODIOS

                            

[1] Papa Francisco. Mensaje en Lampedusa. 8 de julio 2013.
[2] Papa Francisco. Cf. Mensaje a la FAO, junio 2013.
[3] Papa Francisco. Extracto de una Homilía en Santa Marta, fuente Radio Vaticana.
[4] Cf. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 188-192
[5] Audiencia general, 05/06/2013
[6] Juan Pablo II, Fragmento del Discurso pronunciado ante los líderes religiosos, Asís, 24 de enero de 2002

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