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martes, 23 de septiembre de 2014

“Cambiaste mi luto en danza”

Una reflexión para la mujer .…

En este presente artículo me propongo resaltar el camino de realización que la Biblia abre a la mujer, y que me pareció pertinente compartir.

En la  Biblia se le ofrece al ser humano un camino radical para su vida: La Fraternidad. Esa fraternidad,  por supuesto,  incluye la fraternidad del hombre y la mujer, siendo los dos una sola carne, siendo ambos constructores de un mundo por hacer, de un mundo por salvar. Un mundo que necesita la fuerza de hombres y mujeres urgentemente.

"Todas las manos son pocas para arrancar hostilidades e injusticias, para plantar cepas nuevas con racimos apretados que podamos comer todos, los del Norte y los del Sur, los del Este y los del Oeste, las distintas razas, las mujeres y los hombres".

Así como en la historia del pueblo de Israel, “pascuas” significó el paso de la esclavitud a la libertad., así el texto del Evangelio de Juan nos ofrece un  testimonio de una actitud radical de Jesús en favor de la  igualdad y la participación de la mujer: “ paso” de la exclusión a la inserción en la comunidad.

Estoy refiriéndome al diálogo que Jesús inicia con la mujer de Samaria. Rompe sin más al menos dos tabúes vigentes en su pueblo; los rompe a su manera, de una forma sencilla, sin estridencias pero sin vacilaciones.
Dirige la palabra a una mujer en público y charla amigablemente con ella. Toma además, la iniciativa en el diálogo con un pueblo despreciado y marginado por los judíos del sur. Esta iniciativa es seria, conlleva extender a ese pueblo su misión.
Es importante señalar que ese diálogo Jesús lo realiza a través de una mujer, es la actitud femenina de sencillez y transparencia la que le permite entrar en esa cultura, en esa religiosidad. La mujer entonces no es simplemente la destinataria de las primeras palabras de Jesús, es también un puente en ese acercamiento.

Un segundo dato definitivamente importante: este encuentro entre Jesús y la mujer, no es un encuentro en el que lo que se "resuelva", sea una enfermedad, una curación, un perdón, una necesidad cualquiera expresada por la mujer. Se trata por el contrario de un diálogo teológico.
No es sólo que con las mujeres no se habla en la calle, es que con las mujeres no se discute la escritura, y además, en la Galilea del siglo I una mujer que ha tenido varios maridos es considerada pecadora, y, excluida. Pues bien a esta mujer, "excluida", rechazada por la ley y por el templo, Jesús considera y HACE digna de un diálogo teológico, de una revelación directa.

Refiriéndose al Génesis,  San Juan Pablo II, decía: "El texto bíblico proporciona bases suficientes para reconocer la igualdad esencial entre el hombre y la mujer desde el punto de vista de su humanidad. Ambos desde el comienzo son personas, a diferencia de los demás seres vivientes del mundo que los circunda. La mujer es otro yo en la humanidad común. ".[1]

En la Iglesia, las mujeres, al igual que el Rey David, proclamamos al Señor, que ha convertido nuestro luto en danza….danza  en este hoy  fértil en el que,  es posible unir nuestros esfuerzos junto a todos nuestros hermanos y danza esperanzada en el ideal posible: que Todos seamos uno… como rezó Nuestro Redentor!

……¡¡¡Gracias Señor, por habernos vestido de alegría!!!...  Amén
Lic. Susana G. Moreno
Catequista




[1] Navia Velasco, Carmina. “La  Mujer En La Biblia”. Las mujeres son enviadas a anunciarlo.
Nuestro camino hoy. pág.45

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